José Cavero – Tablas en el PP de Madrid.


MADRID, 29 (OTR/PRESS)

Nadie podría asegurar que se ha llegado a una cierta paz en Madrid tras la pelea «salvaje» producida por causa de la presidencia de Caja Madrid y su designación de candidatos. A lo sumo, estamos en un silencio de las armas, un armisticio, hasta una nueva oportunidad de confrontar los poderes de Aguirre contra Gallardón y de Aguirre contra Rajoy. Finalmente, se impone el candidato de Rajoy -que es también candidato de Aguirre-, pero con dos tipos de factura: se ha querido recordar el casi pleno control que Esperanza Aguirre, presidenta del PP madrileño, mantiene sobre los alcaldes de su autonomía provincial: nada menos que 105 de lo 110 alcaldes de la región se han alineado con Aguirre y, por tanto, solo cinco con Gallardón.

Y en el propio ayuntamiento, la propia presidenta ha querido ver la relativa debilidad del alcalde, aunque haya triunfado en la correspondiente votación: el 38 por 100 de los concejales del PP, 13 de 31, pide la cabeza de Cobo. Esos trece críticos, que votaron contra Cobo son próximos y partidarios de las tesis y planteamientos de «la lideresa», ciertamente satisfecha con los dos datos que proporcionó la jornada del miércoles y que le permiten emplear la generosidad de ceder ante Rajoy sólo con la condición de que Manuel Cobo comparezca en el Comité de Garantías y «aperciba» al «díscolo» vicealcalde, portavoz frecuente de las quejas del alcalde contra su presidenta y «jefa»…

De manera que, por el momento, las espadas siguen en alto, pero cada cual ha expuesto públicamente sus poderes, y los de Esperanza Aguirre son imbatibles. Si no va más lejos en sus aspiraciones y en su enfrentamiento con Rajoy es porque no quiere, o porque es consciente de que sus fuerzas menguan sustancialmente una vez que sale de su feudo madrileño. Algo parecido le sucede a Camps, que fuera del «reino de valencia», e incluso en alguna de las provincias de la Comunidad, se ve críticamente. Pero a nadie en el PP o fuera le caben dudas de que son los dos grandes apoyos de Rajoy o del PP, y que debe someterse o sortear sus exigencias…

Por lo que se refiere a las posiciones socialistas, no hay gran oposición a Rato. Unicamente se duda de que sea capaz de ejercer el mandato que se le otorgará, teniendo en cuenta dos cosas: que su puesto en Washington, en el Fondo Monetario Internacional no terminó de ejercerlo, sin explicar las razones de su decisión de regresar a Madrid, y que en los últimos meses ha venido «coleccionando» cargos, en distintos y bien remunerados consejos de administración de administración bancarios. Se supone que deberá abandonar cualquier otra ocupación y centrarse en Caja Madrid y para afrontar unos tiempos no fáciles, de probable incorporación de alguna otra caja de ahorros en apuros.

Pero ya no tiene rivales en la candidatura: ni Pizarro, ni De Guindos, ni mucho menos ese tal González a quien quiso encumbrar Aguirre contra la opinión general, de propios y extraños. No faltan quienes explican que el apoyo de Rajoy a Rato tiene una explicación «malévola»: se quita de en medio a un poderoso rival a la hora de pelear por la presidencia del Gobierno. Rato fue siempre «el tercer hombre» y posiblemente -así lo opinan muchos militantes del partido- otra suerte habría corrido el PP en el supuesto de que Aznar se hubiera inclinado por él y no por Rajoy. De ahí que en encauzar a Rato hacia Caja Madrid hayan coincidido finalmente Rajoy y Zapatero, y en cambio, se haya resistido una Aguirre cada vez más reacia a dar su apoyo al líder Rajoy, que una vez más ha dado escasas muestras de firmeza, de saberse imponer, y de establecer sus criterios por encima de los de sus «amigos adversarios».

Como en Madrid, la duda se ha impuesto en Valencia, donde seguimos sin saber si Ricardo Costa es o volverá a ser secretario general regional, pese a lo que cree y quiere Dolores de Cospedal. Camps juega a una peligrosa ambigüedad con su «amigo Rajoy»…

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