Rosa Villacastín – El Abanico – Sabino Fernández Campo, el hombre que sabía demasiado.


MADRID, 29 (OTR/PRESS)

Sabino se ha ido con la discreción que le caracterizaba, intentando causar el menor ruido posible, pese a que las circunstancias le situaron durante una buena parte de la suya en el centro de los focos, a veces incluso de la polémica. Con Sabino se cierra una página importante de la historia reciente de nuestro país, una página que sólo él podía escribir con exactitud y que si lo hizo, nunca pensó en publicar, por lealtad, al Rey y así mismo.

Católico, culto, irónico, amigo de sus amigos, Sabino se ha llevado a la tumba muchos secretos de Estado, estando como estuvo tantos años cerca del Rey, en unos años en que los malos acontecimientos se sucedían día sí día también, hasta desembocar en un golpe militar, que si no tuvo mayores consecuencias fue precisamente por su firme decisión de no dejar que Alfonso Armada llegara hasta la Zarzuela. Una intervención que le agradecieron todos los agentes sociales y políticos del momento, también el Monarca, a quien defendió, así de las interpretaciones torticeras que se hicieron, al menos hasta que el Rey apareció en televisión, poniéndose al lado de los demócratas. Si alguna lectura positiva se puede sacar de aquel luctuoso acontecimiento, fue que nunca más se volvió a hablar de ruido de sables en nuestro país.

Muchos han sido los momentos de angustia que Sabino pasó junto al Rey debido a que algunos busca vidas intentaban acercarse al Monarca con la sola intención de sacar provecho de esa amistad o cercanía. Y era entonces cuando aparecía en escena el bueno de Sabino, al que todos temían, por su rectitud, por sus sabios y certeros consejos y, sobre todo, por su honestidad, que nadie ha puesto nunca en duda, siendo como somos los españoles tan dados a los rumores y la calumnia. Prueba de ello es que vivía en un pequeñísimo apartamento, en el centro de Madrid, junto a María Teresa Alvárez, su esposa y compañera del alma, compañera, que tan feliz supo hacerle en esta segunda y última etapa de su vida. Donde no le faltaron momentos de dolor, de inmenso dolor, ya que en un corto espacio de tiempo perdió a cuatro de sus hijos. Dicen que sobrevivir a los hijos es la prueba más amarga y dura a la que te puede someter la vida. El supo llevarlo todo con una enorme dignidad, aunque esos acontecimientos le fueran minando su ya delicada salud.

La ausencia de Sabino Fernández Campo será dura de digerir para quiénes le conocimos, admiramos y quisimos.

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