Rafael Torres – «Al margen» – Política y traición.


MADRID, 4 (OTR/PRESS)

La fundación FAES de Aznar es la que recibe más dinero del ministerio de Educación, si bien la «Jaime Vera», del PSOE, le pisa los talones. Entre ambas reciben la mayor parte de esas subvenciones del ministerio que, destinadas a los partidos políticos, tienen como objetivo teórico y pintoresco la formación de adultos. Calificar semejante cosa resulta innecesario, pues se califica sola perfectamente, pero no sería posible dejar de percibir en ella otro aspecto de la traición de los partidos políticos a la sociedad, entendiendo por traición la huida que emprendieron hasta instalarse en la ciudadela remota, inabordable y salvífica del Estado. De pertenecer a la esfera de la sociedad (al bando de la sociedad) y justificarse por la defensa de sus intereses, o de los intereses de una parte, frente al Estado, los partidos ha pasado a integrarse, rendidos incondicionalmente, en su estructura, y desde luego a cobrar y a vivir de ella, de suerte que en ese cambio de chaqueta, de bando, han pasado de ser los portavoces de la sociedad a ser sus gendarmes.

Esto explicaría que el gobierno que sufre los dicterios y las propagandas de la FAES de Aznar, corresponda obsequiándola con cerca de treinta millones de pesetas al año: hoy por tí, mañana por mí. Pero también explicaría la propia existencia de esas subvenciones extra que vienen a añadirse a las muchas que los partidos reciben por los más variados conceptos: todo tiene que pasar por ellos porque todo ha de quedar, al final, en casa. Sociedad y Estado, hoy más que nunca, aparecen como dos mundos antagónicos, como el aire de la intemperie y la atmósfera palacial, pues quienes deberían comunicarlos y ahormarlos, los partidos políticos, se han pasado con armas, votos y bagajes al bando guay, el funcionarial, seguro, confortable y exclusivo bando de las dietas, los ordenanzas, las alfombras, los edificios singulares, los despachos no importa si grandes o pequeños, y las subvenciones por la patilla. Y en ese bando, de donde la sociedad está ausente y no controla, no es raro que tantos políticos se vuelvan cimarrones.

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