José Cavero – Los piratas siguen exigiendo


MADRID, 8 (OTR/PRESS)

Estamos en días cruciales para la solución del conflicto originado por el secuestro de los marineros y tripulantes del pesquero vasco Alakrana en aguas del Océano Indico, frente a las costas de Somalia. Ya hemos tenido oportunidad de vivir momento de grave tensión, cuando los piratas descendieron a tierra a tres de los tripulantes, y las presiones de los familiares forzaron a que «la máquina» del Gobierno se reactivara. No se sabe con precisión con quién negocian Gobierno y armador, pero todo permite suponer que es persona culta y bien preparada. Así lo deduce un reportaje aparecido en el diario El País que recoge las impresiones del negociador español en este asunto, que se hace llamar Kepa, y a quien arropan el embajador español en Kenia y un equipo de agentes del CNI. Kepa Etxevarría señala que, desde el primer momento, los piratas reclaman la de devolución de los dos piratas capturados por la fragata española y remitidos a la Audiencia Nacional y a la prisión de Soto del Real. Y esta reclamación se ha convertido en el escollo, de momento insalvable, en las conversaciones con los representantes de los piratas. Kepa ha llegado a suponer en varios momentos que el acuerdo ya se había alcanzado, pero una y otra vez se regresaba al escollo de los dos piratas en poder de los jueces españoles.

Es curioso lo que relata este negociador: los piratas leen todo lo que se publica sobre el caso, lo que permite hacerse la idea de que son individuos de una cierta formación y al tanto de la opinión pública española y europea, con las ventajas e inconvenientes que esta situación puede significar. Parece evidente que los secuestradores emplean con eficacia la estrategia de desgaste y tensión que ya tienen ampliamente experimentada en secuestros anteriores. Son conscientes, por ejemplo, de la eficacia que tiene la movilización de los familiares, a quienes dieron órdenes el viernes de «hacer el mayor ruido posible» para que sean puestos en libertad, o al menos trasladados a Somalia o Kenia, los dos piratas hoy encarcelados en Soto. ¿Quién podrá resistir a las reclamaciones de las mujeres de los pescadores, llorosas y al borde de la histeria o la depresión por la situación de sus maridos y padres? O a las presiones de una oposición política, el PP y el PNV, particularmente, que trata de desacreditar permanentemente lo que hace el Gobierno en cualquier asunto, éste incluido.

Y sin embargo, se insiste en que el Gobierno español será muy difícil que pueda atender esa primera reclamación de secuestradores y de familiares: cambiar el destino de los dos piratas en manos del juez Pedraz. El Gobierno está entre dos fuegos: bien le gustaría poder devolver a su territorio a los dos piratas, pero eso sería prescindir de sus criterios contrarios a toda clase de negociación o cesión a los terroristas, y no dudan de que tienen ante sí a un grupo de «terroristas del mar», que van contra todo Derecho Internacional. Y en todo caso, sólo cabría una solución: Que Kenia o Somalia reclamen su propio derecho para juzgar a los piratas, y que la Audiencia Nacional acceda a entregarles esas «piezas de negociación».

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