Fernando Jáuregui – No te va a gustar – Pues sí, hemos hecho el ridículo.


MADRID, 09 (OTR/PRESS)

Lo más fácil es culpar al Gobierno, que algo de culpa tiene desde luego, de lo que sería «el sainete del «Alakrana»» si no fuese por el sufrimiento de los secuestrados y sus familias. Lo más justo, pienso, sería culparnos un poco a todos nosotros, empezar a repartir culpas sin hurtar la autocrítica y sin tratar de ser políticamente correctos. Porque seguramente el barco fue más allá de lo que serían los límites de seguridad, sin duda que el juez Garzón se pasó de frenada al traer a España a los dos piratas capturados, qué duda cabe de que el juez Pedraz contribuyó al esperpento con sus reconocimientos a uno de los piratas para comprobar si era o no mayor de edad, desde luego la Audiencia Nacional en bloque no está sabiendo ofrecer una doctrina jurídica suficiente sobre un tema que va a actuar como un boomerang contra la propia Audiencia, sobre todo si hay que devolver a los dos malhechores para que sean «juzgados» en su país… Etcétera.

Un cúmulo de despropósitos, sin duda. Añadir a todo ello la sensación de que el Gobierno no está sabiendo muy bien qué hacer, que parece que la diplomacia no basta para reducir a unos delincuentes que da la impresión de que van a ganar esta partida. Y tengo la sensación de que la oposición, que ha aprovechado un obligado viaje de De la Vega a Argentina para atacar al Gobierno acerca de este «affaire», tampoco está muy fina. ¿Cuándo se justificaría, si no es ahora, un pacto de no agresión entre Zapatero y Rajoy? Pues nada: cada uno sigue en los suyo, a su bola, resultando muy extraño el absentismo del presidente del Gobierno tanto a la hora de encontrarse con los familiares como a la de tranquilizar al país entero sobre las gestiones que se hacen para devolver a sus hogares a la tripulación del «Alakrana».

Y algunos medios de comunicación también han perdido la mesura a la hora de tratar un tema que es un drama humano, un peligro internacional y un enorme vacío jurídico, táctico y estratégico a nivel europeo: acaso algunos hemos aquilatado poco la magnitud de este asunto, que no es una mera cuestión más de política nacional. El dislate ha dado mucho de sí. Incluso para que el secretario general saliente del Partido Comunista, Francisco Frutos, eche la culpa a los Estados Unidos del desgobierno patente en Somalia. Todo, todo, es cosa como de locos.

Al final, resulta que una banda de piratas, con el auxilio de algún bufete no menos pirata residenciado quizá en Londres, se va a llevar el gato al agua, habrá logrado que el Estado español haga el ridículo, nos habremos gastado un montón de dinero en traer y llevar buques de guerra a una zona donde reina el caos más absoluto y, para colmo, la banda cobrará un sustancioso rescate, que le servirá para preparar próximos y rentables secuestros. Confiemos en que, al menos, nuestros pescadores vuelvan sanos y salvos y alguien, no sé si desde Presidencia, Defensa, Justicia, Exteriores o desde todos esos departamentos, por una vez conjuntados, decida que esta ha sido la última vez que algo semejante nos ocurre. Ya sabemos que hay métodos expeditivos para lograrlo.

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