Consuelo Sánchez-Vicente – El espíritu de Barrio Sésamo


MADRID, 22 (OTR/PRESS)

Mucha pantalla gigante y mucho marketing de «finde guay», pero ni esa -de momento- nebulosa que Zapatero denomina economía sostenible nos va a sacar del furgón de cola del paro de la Unión Europea, ni hacer risas de tú a tú con Gran Bretaña y Gibraltar en el Peñón, con los monos como testigos, como este verano Moratinos, nos va a evitar una sola humillación británica; hacer prácticas de tiro con la boya de la bandera, mandarnos notitas impertinentes para que saquemos a la Guardia Civil que patrulla «nuestras aguas» de «SUS» aguas… Todo eso. Nosotros -España «como país» que diría el ministro Caamaño-, este gobierno, va por el mundo de progre y de moderno. ¡Mecachis que guapo soy!, parecen decir. Pero con Gibraltar, Gran Bretaña siempre ha ido, va, e irá como en Las Malvinas, de potencia colonial, disputando a cara de perro cada centímetro de su territorio y «corriendo el pino», como ahora, a mayor gloria de Su Graciosa Majestad, en cuanto ven ocasión. Aunque sea al agua.

Esta vez la desfachatez del gobierno británico es de leer y no creer. Además de pedir a España que la Guardia Civil deje de patrullar en unas aguas, tres millas alrededor de Gibraltar, que según ellos pertenecen a Gibraltar a pesar de que el Tratado por el que nos birlaron La Roca no les concede ni una gota, por si quedaba alguna duda, se permiten advertir en su nota al gobierno español que esas «incursiones» son una «violación de la soberanía británica» y dañan la colaboración entablada con España en el Foro de Diálogo tripartito. El de la foto de Moratinos, vamos. Ayer nos enteramos de que el recadito llegó ¡el pasado 18 de septiembre!, y que unos días antes la policía marítima gibraltareña había «invitado» a dos lanchas de la Guardia Civil a que salieran de esas aguas legalmente de España que Gran Bretaña dice que son suyas.

Decepción, honda preocupación, violación inaceptable de la soberanía británica, que no se vuelva a repetir, añade la nota. De todo menos amistosa. ¿Y que ha dicho el gobierno español? Cuando escribo aún no hay respuesta, pero más allá de mandarles otra vez el Tratado de Utrecht, como hacemos siempre, me extrañaría que nos alejásemos del espíritu de Barrio Sésamo que preside la política exterior de Zapatero. Acabamos de hacerlo con lo de la boya. Tras disculparse, Gran Bretaña ha dicho que lo investigará, pero que entendamos que aunque la boya tenía los colores amarillo y rojo no había sobre ella ninguna bandera española. El ministro Moratinos ha respondido que esta explicación deja el asunto «perfectamente clarificado».

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