Fernando Jáuregui – La semana política que empieza – El destino de Rosa Díez


MADRID, 22 (OTR/PRESS)

Que un político sea reelegido por el ochenta por ciento de los votos de los compromisarios en el congreso de su partido es algo bastante frecuente; lo infrecuente, lo noticioso, es lo contrario. Que ese político sea Rosa Díez, en un partido como la UPyD, es casi una noticia anunciada. Lo que desconcierta algo es el futuro que puedan tener ese partido y esa política. Porque estamos hablando de una persona a la que las encuestas de todo tipo y publicadas en todos los medios dan como la personalidad política mejor valorada de España, por delante de gentes como Alberto Ruiz-Gallardón, José Luis Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy o Artur Mas, por este orden. Me pregunto ahora si ese «ranking» sirve para algo.

Estoy convencido de que, de todos los citados, quien mayores posibilidades tiene de llegar a la presidencia del Gobierno en las elecciones que probablemente se celebrarán en marzo de 2012 es Mariano Rajoy. Independientemente de que no sea precisamente el más popular, ni el más carismático, ni, desde luego, el más populista o el más atractivo de los políticos españoles.

Y sé que esto que voy a decir irrita a la ex socialista vasca, pero de ninguna manera es mera futurología: sospecho que, al final, habrá algún tipo de pacto, alianza o consentimiento mediante el cual la Unión para el Progreso y la Democracia de Rosa Díez, con sus tres o cuatro escaños en el Congreso -hasta ahí crecerán, previsiblemente, dicen las encuestas–, apoyará la candidatura a la presidencia de Rajoy en la sesión de investidura, quién sabe si con los votos también, o con la benigna abstención, del grupo nacionalista catalán.

¿Quiere eso decir que ganará el mejor? Seguramente no, pero ya me he manifestado algunas veces en el sentido de que Rajoy no es, desde luego, el peor candidato posible en su partido: mucho mejor, desde luego, que Ruiz-Gallardón, aunque el alcalde de Madrid le preceda en los sondeos. Y pienso que en el duelo con Zapatero (si es que Zapatero, como parece lo más probable, decide presentarse y no ceder el sitio a un delfín, o «delfina»), vencerá el presidente del PP, que para entonces habrá derrotado algunos complots que contra su liderazgo se urdían, y tal vez se urden, en su propio partido. El desgaste de los socialistas, su polémica gestión en algunas materias, la falta de equipo y el implacable péndulo político deberían, en esas elecciones, dar la victoria a Rajoy, si es que él mismo y, sobre todo, ciertos líderes «populares», no se empeñan en lo contrario.

Para entonces, para ese 2012, populares y socialistas habrán medido sus armas en comunidades y ayuntamientos, puede que haya cambiado el signo de quien gobierna en Cataluña y los españoles -quiéralo Dios_ habremos salido de la crisis. Pero no será sin cicatrices, y sospecho que la cuenta de esas heridas se la acabarán pasando los ciudadanos, justa o injustamente, a quien hoy gobierna.

A Zapatero, que entra ahora en ebullición europea, le critican por todo, hasta por la liberación de los pescadores del «Alakrana»; sospecho que, a menos que idee cosas muy nuevas -no el mero marketing político que le proporciona el muy competente José Blanco–, esta tendencia negativa para ZP va a seguir, y él se tendrá que apoyar crecientemente en esa nueva izquierda de Toxo, Cayo Lara y Centella, un apoyo insuficiente para seguir gobernando, a tenor de lo que nos cuentan las encuestas.

Los españoles a todas luces quieren cambio, están hartos de las actuales estructuras, y ese es, me parece, el secreto en el alza de Rosa Díez, una voz fresca y airada, aunque quizá no del todo consistente: hay quien vuelve a ella sus ojos porque le disgusta tanto Zapatero como Rajoy. Rosa Díez, pienso, no está aún preparada para ser una verdadera alternativa de gobierno: tendrá que ser, en el mejor de los casos para ella, bisagra que ayude a uno de los dos grandes a gobernar. No es, en cualquier caso, un mal destino.

fjauregui@diariocritico.com

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