Francisco Muro de Iscar – Derechos de los Niños: 50 años y nada


MADRID, 22 (OTR/PRESS)

Esta última semana se celebraban dos aniversarios importantes, cincuenta años de la Declaración de los Derechos del Niño y veinte de la Convención sobre los Derechos del Niño. Era, debería haber sido, una gran fiesta de la infancia, una llamada a la conciencia social, un recordatorio de lo que se ha hecho y, sobre todo, de lo mucho que queda por hacer. Fracaso absoluto. Salvo algunas acciones de la Abogacía institucional y de muchos Colegios de Abogados, con lectura pública de la Declaración, e iniciativas interesantes, como un concurso de cortos sobre los derechos de los niños hechos por los propios niños, un concurso de fotos o un reparto de microfolletos divulgativos en los trenes españoles, apenas cabe citar una declaración institucional del Gobierno, sin ningún eco, un acto de UNICEF con la Reina de España, que casi pasó desapercibido en los medios, algunas propuestas interesantes del defensor de Menor de la Comunidad de Madrid y varias acciones aisladas de ONGs de infancia y de TVE en ejercicio de su carácter de servicio público. La gran mayoría de los ciudadanos españoles no se ha enterado de que se cumplían 50 años de un día histórico para los derechos de la infancia.

Es más, en estas últimas semanas estamos hablando de temas importantes para los menores: rebajar la edad penal, favorecer penas más duras por la comisión de delitos y cosas parecidas. ¿Cincuenta años después de esa Declaración que fijaba que los niños también tienen derechos -a ser niños, a crecer en libertad, a una identidad, a la salud, a cuidados especiales, a una familia, a una buena educación, a protección y socorro, a no ser abandonados ni maltratados, a no ser discriminados- , cómo estamos, cuál es la situación real? Si miramos hacia dentro las cosas han mejorado sustancialmente, pero queda mucho trabajo. El altísimo índice de abandono escolar, el maltrato, la violencia entre adolescentes, la falta de políticas familiares y el crecimiento permanente e imparable del número de abortos -el primer derecho de todos es el derecho a la vida- nos dice que queda mucho por hacer. No miren a otro lado: aquí, entre nosotros también existe el abandono, la discriminación, la explotación, el maltrato.

Fuera también se ha mejorado mucho en estos cincuenta años, pero los déficit siguen siendo terribles. Mil millones de niños carecen de servicios esenciales. Al menos cien millones de niños siguen sin escolarizar y otros muchos están en situaciones de precariedad absoluta. Cientos de millones de niños son víctimas de la violencia o de explotación laboral. 1,2 millones de niños son explotados sexualmente. Dos millones de niños tienen SIDA. Muchos son abandonados, vendidos, víctimas de las minas, obligados a ser niños-soldados. Cientos de millones no tienen casi nada para comer, ni agua. Y guardamos silencio. Y miramos para otro lado. Claro que los niños deben tener también obligaciones. Entre ellas la de saber que hay cientos de millones de niños sin derecho a nada, condenados a muerte por la sociedad. Y, sobre todo, condenados al olvido. Ojos que no ven, corazón que no siente.

francisco.muro@planalfa.es

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