Antonio Casado – Ataque preventivo al TC


MADRID, 27 (OTR/PRESS)

De todas las aproximaciones posibles al ruidoso editorial conjunto de la Prensa catalana, la más dolorosa nos obliga a un doble reconocimiento. Uno, los colegas desbordan las fronteras del oficio e invaden corporativamente el campo de las relaciones de poder. Y dos, se detecta más pluralismo en la clase política que en la clase periodística de esta Comunidad Autónoma. Entre los partidos encontramos muy diferentes posiciones respecto al Estatut (2006). Desde la del apoyo incondicional (PSC) a la impugnación abierta (PP), pasando por el apoyo matizado de CiU y el desmarque de ERC. No ocurre eso con la Prensa. Uniformidad total, oiga.

Los periódicos catalanes marcan el paso en un contexto sociopolítico pluralista y democrático ¿No deberíamos hablar de pensamiento único en este caso? Más chocante es aún que unos profesionales de la información, y de la opinión, argumenten sobre una noticia no confirmada ni en tres, ni en dos ni en ninguna fuente. En este caso, un dictamen del Tribunal Constitucional cuya existencia virtual debe situarse en la filtración de supuestas deliberaciones a un determinado periódico de ámbito nacional («El País»).

Sobre base tan incierta los periódicos catalanes han elaborado un auténtico alegato preventivo contra el Tribunal Constitucional. No porque éste haya impugnado total o parcialmente el Estatuto catalán. Por si lo hace. O, mejor, para que no lo haga. O sea, un intento corporativo de influir en la decisión de los magistrados en el sentido propuesto por la Prensa catalana. Si no fuera ese el sentido de la sentencia, la Prensa catalana ya ha decidido que sería un ataque a la dignidad de Cataluña. Pero si finalmente el Tribunal se aviene a las sugerencias del editorial conjunto y acaba declarando la constitucionalidad del Estatut, aquí no ha pasado nada y pelillos a la mar.

Una vez descontado su derecho a expresarse libremente, faltaría más, no parece ni muy profesional ni muy democrática esta posición común de la Prensa catalana. No es muy profesional porque su manufactura mediática -el editorial conjunto- está elaborada en el vacío. O sea, arremete contra una sombra. Y no es muy democrática porque se pasa el imperio de la ley por el arco del triunfo.

El Tribunal Constitucional forma parte del Estado de Derecho. A su cargo corre el control de constitucionalidad de las leyes. Y un sano funcionamiento de la democracia obliga a respetar las reglas. Se trata del órgano habilitado para decidir si una ley se ajusta o no se ajusta a la Constitución. Y su normativa no contempla excepciones, de modo que el alto tribunal deba abstenerse de cumplir su función ante determinada circunstancias como, por ejemplo, el malestar social, las aspiraciones de los nacionalistas o la opinión conjunta de la Prensa catalana.

ANTONIO CASADO

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