Fernando Jáuregui – La semana política que empieza – Las grandes cumbres


MADRID, 29 (OTR/PRESS)

A la hora de escribir esta crónica de urgencia, desde Estoril, donde se celebra una nueva «cumbre» iberoamericana, desconozco si, finalmente, se van a encontrar Zapatero y Rajoy en La Moncloa y cuándo. Hace tiempo que pienso que ese encuentro sería urgente, pero se aplaza, como si hubiese cosas más importantes y todo pudiese solucionarse con meras llamadas por teléfono entre ambos, sin mayores explicaciones a los medios de comunicación. Ahora, ZP está en Estoril, Portugal, entrevistándose con jefes de Estado y de Gobierno latinoamericanos, un preparativo más, en el fondo, de la presidencia española de la UE, a la que la Administración de nuestro país dedica ya los máximos esfuerzos. Dentro de poco estará en Copenhague, o en cualquier capital europea: pero tendría que encontrar ya un hueco en su agenda para ver al líder del PP, con quien tanto, me parece, tiene que pactar.

Para empezar por lo que debería ser el comienzo: también hace tiempo que pienso que, en un país que se preocupe más de la marcha de la nación que de los intereses partidistas inmediatos, Gobierno y oposición deberían afrontar juntos estas reuniones iberoamericanas en las que, junto con el Rey y el presidente del Gobierno de España, y que España, por cierto, sufraga generosamente, deberían estar algunos representantes de otros partidos.

Rajoy, a quien la política internacional le preocupa -por ahora– poco, no lo ha exigido, como tampoco ha exigido estar en las «cumbres» que se desarrollarán en España durante la presidencia de la UE. Debería hacerlo: el gran pacto que los españoles quieren incluye, o tal vez comienza por, la política exterior.

La ciudadanía española, y los medios, apuestan poco por las cumbres iberoamericanas, que ya llevan, con esta de Estoril, diecinueve ediciones. Casi dos décadas de esfuerzos por reunir, en una misma mesa y en diferentes capitales iberoamericanas, a los mandatarios de los países de habla hispana o lusa. Y, si decimos la verdad, la única verdaderamente interesada en que la cosa continúe y se desarrolle parece ser España. Que es, nada más y nada menos, el puente entre Iberoamérica y la Unión Europea, este año de presidencia de la UE más que nunca.

He insistido muchas veces en la necesidad de un pacto de gran alcance entre el Gobierno y la oposición. En la «cumbre» de Estoril se evidencia la necesidad de que una gran nación emergente, como quiere ser España y como reclamamos los españoles, agrupe a sus principales fuerzas políticas en torno a algunas ideas de política exterior (y no sólo, claro está).

Pero Zapatero tiene ante sí, además de la «cumbre» iberoamericana, retos tan importantes como la reunión de Copenhague sobre el cambio climático o la propia presidencia de la UE. Y Rajoy, dentro de poco más de una semana, habrá de viajar a Bonn, para ver cómo el Partido Popular Europeo reelige como secretario general a uno de sus subordinados, Antonio López Istúriz, a quien la presión de Angela Merkel, más que la de Génova, ha mantenido en el importante cargo que ocupa. Tengo para mí que ambos contendientes por el sillón de La Moncloa habrán de conformar, entre ambos, un panorama común exterior -e interior, desde luego_antes de enfrentarse en las próximas elecciones generales. Pero es la vieja cantinela: ¿será algún día realidad? De momento, la «cumbre» iberoamericana, la decimonovena sin consenso, ya ha comenzado. Y nada.

fjauregui@diariocritico.com

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