Esther Esteban – Más que palabras – Y ahora… Mauritania.


MADRID, 1 (OTR/PRESS)

Apenas nos hemos recuperado del secuestro del Alakrana y tres cooperantes españoles han sido secuestrados en Mauritania lo que una vez más pone al gobierno y al estado en una difícil situación. Si la liberación del pesquero fue complicada este nuevo secuestro- si finalmente se confirma que ha sido perpetrado por la rama magrebí de Al Quaeda -hace encender todas las alarmas. Cuando escribo estas líneas aún no ha habido ningún tipo de contactos con los secuestradores pero de confirmarse la autoría es muy posible que estemos ante un secuestro político y, por tanto, las peticiones pueden ir mucho más allá que un rescate meramente económico. ¿Que hará el gobierno si finalmente lo que se pide es la liberación de presos yihadistas que hay en nuestro país, la retirada de nuestras tropas de Afganistán o la eterna reivindicación de Ceuta y Melilla? El dilema se complicada porque, evidentemente, en ninguno de esos temas o similares se puede ceder al chantaje.

En este tipo de secuestros al contrario que el del Indico el factor económico no suele ser el objetivo principal y hay suficientes indicios que nos hacen pensar que los secuestradores lo que quieren no es `precisamente dinero. De ser así se hubieran llevado el cargamento de ordenadores y maquinas que coser que transportaban los cooperantes y sus objetos personales, cosa que no ocurrió. Si finalmente se pide dinero el gobierno se vera obligado a tirar de fondos reservados, aunque eso nos vuelva a situar en la misma diyuntiva de siempre. Si pagas te debilitas como país y te sitúas como objeto de deseo de todo tipo de delincuentes, pero si no lo haces la vida de varias personas correría un grave riesgo.

Más allá de que Moncloa parece haber aprendido de los terribles errores de descoordinación cometidos con el Alakrana y su falta de reacción inmediata ante el problema, ahora lo que toca es una máxima coordinación y una gran contundencia en el uso de los instrumentos diplomáticos. España tiene importantísimos acuerdos de pesca e inmigración con Mauritania que aportan a ese país una gran cantidad de ingresos con lo cual tenemos medios de presión suficientes que el ejecutivo de Nuakchot no escatime esfuerzos en la resolución de este caso. Eso si tenemos que prepararnos para un secuestro posiblemente largo y dada su especial dificultad hay que darle al gobierno un margen de confianza. Eso no significa, por supuesto, que los medios de comunicación aceptemos la ley mordaza que se nos sugirió con el Alakrana pero todos: políticos y también periodistas tenemos que hacer un doble ejercicio de responsabilidad.

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