José Cavero – Las batallas de Internet y de los crucifijos.


MADRID, 4 (OTR/PRESS)

De repente, al Gobierno de Zapatero le han sobrevenido dos asuntos problemáticos nuevos, que le enfrentan a una parte nada despreciable de la opinión pública. De un lado, el efecto de una decisión discutida largamente en el Parlamento Europeo de Estrasburgo, que ha planteado la reclamación que permanentemente vienen haciendo los autores y sus representantes, las asociaciones defensoras de los derechos de autor, para percibir alguna cantidad por la utilización de sus obras originales a través de Internet. La cuestión ha llegado a España en apenas un par de líneas al final de la «ley cajón de sastre» de economía sostenible, y «han incendiado la red», según se ha descrito…

De otro lado, la sentencia acordada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo, que a solicitud de una ciudadana italo-finlandesa, reclamó el derecho de sus hijos a recibir una formación laica, en aulas sin crucifijos. El tribunal atendió sus razones, y la sentencia está causando más de un problema en los países más tradicionalmente católicos. Es el caso de Italia, primero, donde Berlusconi ya anticipó que en su país no se pondría en vigor esa doctrina y por lo tanto, no se retirarían los crucifijos. Ahora, la cuestión se ha trasplantado a España, después de que el PSOE llegara a un acuerdo con varios partidos de la izquierda, como ERC, IU, BNG, para aplicar la sentencia.

Las dos cuestiones se han producido de manera coincidente en España y están provocando problemas al Gobierno, por sí mismos y por la actitud del principal partido de la oposición, que no desaprovecha ninguna ocasión para vapulear a los socialistas gobernantes. ¿Es aplicable la jurisprudencia que llega de instituciones europeas sin más? ¿Es obligatorio o solamente recomendable hacerlo? Es curioso que en una rueda de prensa del jefe del Gobierno, Rodríguez Zapatero se viera este jueves ante ambos problemas y en los dos mantuvo una actitud de «ya veremos, pero no es un problema urgente, que haya que resolver de inmediato». En el caso de los crucifijos, se remitió a la ley de Libertad Religiosa, que su Gobierno viene preparando y anunciando desde hace meses. En esta materia se ve presionado, de un lado, por los partidos de la izquierda, que no sólo quieren aplicar la norma a los colegios públicos, sino también a los privados pero de financiación pública o concertada. Y por lo que se refiere a la batalla de los derechos de propiedad de Internet, el presidente, ya de antemano, ha dado garantías de que no se cerrará ninguna página web por el hecho simple de que lo haya pedido un autor o una asociación de derechos de autos -SGAE o parecidas- que invoquen la falta de respeto y pago a los derechos del autor de una obra literaria o musical.

Pero es una reacción inmediata, ante un problema vivo, que ha llegado a la calle con toda urgencia, después del encuentro de una reducida representación de usuarios de Internet con la ministra de Cultura, González Sinde. Esta había expresado la doctrina de varios países europeos, que han anunciado el cierre de páginas que no hubieran obtenido el derecho de reproducción por parte de los autores. Sinde había explicado que la decisión de cerrar un blog o página web correspondería a la Comisión de Propiedad Intelectual. Tras ella, tanto el titular de Justicia como el propio Rodríguez Zapatero han rectificado a su ministra proclamando que cualquier solución deberá ser sometida a control judicial y que, por tanto, no se cerrará ninguna web sin intervención de un juez.

Todavía hay un tercer asunto «candente» que tiene entre manos el Gobierno. ¿Qué hacer con la saharaui Haidar, que se consume en huelga de hambre en Tenerife? También en este caso hay necesidad de soluciones urgentes y también las presiones sobre el Gobierno son poderosas. Pero da la impresión de que nadie quiere que se deterioren unas relaciones, con Marruecos, que ha costado mucho mejorar o enderezar y que la cuestión Sahara podría estropear.

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