Francisco Muro de Iscar – No puede morir.


MADRID, 08 (OTR/PRESS)

Aminatu Haidar no se rinde. Quienes pensaron que aguantaría poco tiempo o que aceptaría cualquier oferta, no sabían quién era ella. Haidar conoce bien las cárceles de Marruecos. La «Cárcel negra» de El Aaiún, donde pasó siete meses y en la que los prisioneros saharauis sufren no sólo la pérdida de la libertad por defender su derechos sino terribles condiciones de encarcelamiento. También conoce la prisión de Qalaat Megouna, una de las cárceles secretas de Hassan II. Allí pasó meses en un pasillo, con los ojos vendados y vigilada por un guardián. Las de Marruecos no son como las prisiones españolas, ni los funcionarios son como los nuestros. En este país, aliado de España, de Europa y de Estados Unidos, el país de los negocios con Occidente, tal vez uno de los países africanos donde hay más libertad aparente, la vida, la hacienda y la libertad son una concesión graciosa del monarca. Y como la da, la quita.

Aminatou ha sido torturada y perseguida y ha hecho ya otra huelga de hambre durante cincuenta días. Está dispuesta a dejar su vida por una causa justa. Sabe que España abandonó el Sahara en manos de Marruecos y nunca ningún Gobierno democrático español ha querido saber nada de su suerte. Hay que llevarse bien con el vecino del sur, aunque el vecino del sur sólo sea amigo para sus intereses. Sabe que Europa y Estados Unidos prefieren el negocio a la libertad y la justicia y que la ONU nunca ha querido poner fin a su problema sino sólo dilatarlo y dar tiempo a Maruecos para que acabe con la anexión por la vía de los hechos.

No toda la culpa es del Gobierno español, aunque incumplió la ley al dejarla entrar en nuestro territorio e incumple ahora la Ley de Extranjería. Marruecos es el origen y la razón del problema y España, Europa, Estados Unidos y la ONU debían tomar medidas económicas y de presión para que su Rey entienda que los derechos de las personas están siempre por encima de los derechos de los dictadores. Entre otras suspender todas las reuniones oficiales con Maruecos. Dudo que lo hagan. Los intereses siguen primando en un mundo donde los derechos a veces son solo papel mojado.

Aminatu no puede ni debe morir. No debe morir porque será un fracaso de todos nosotros. De los países, de las instituciones, de los políticos y de los ciudadanos. Del mundo del derecho y de la diplomacia. No me gustan los símbolos muertos ni la utilización de su memoria por unos o por otros para intereses no siempre legítimos. No debe morir porque la esperan sus hijos Hayat y Mohamed. Aminatu tiene que seguir denunciando la violación de los derechos de los saharauis, el desprecio del mundo libre hacia ellos. El Gobierno español no es el único responsable, pero se ha metido y nos ha metido, por su incompetencia, en un callejón de difícil salida. Tenemos que encontrar una solución justa para que Aminatu no muera.

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