Cayetano González – Contradicciones en torno a Haidar.


MADRID, 11 (OTR/PRESS)

El caso de la activista saharaui Aminetu Haidar, en huelga de hambre desde hace veintiséis días, está poniendo de relieve varias y diferentes contradicciones sobre la forma de actuar y de enfocar algunos problemas, tanto por parte del Gobierno como de diferentes estamentos de eso que se llama «sociedad civil». Describamos y analicemos algunas de ellas.

La primera de esas contradicciones la protagonizan todos esos artistas e intelectuales -en algunos casos esa denominación constituye claramente un exceso- que se agrupan bajo el nombre de «la ceja» por el gesto físico que mostraron para apoyar en las últimas elecciones generales a Zapatero, que han pedido la intervención del Rey en este caso, pero procurando no criticar ni mucho ni poco al Gobierno del PSOE. ¿Se imaginan ustedes lo que harían y dirían estos señores que se movilizaron tanto en otras ocasiones, si el presidente del Gobierno en lugar de ser su amigo Zapatero fuese, por ejemplo, Aznar? Pero claro, ellos tienen diferentes varas de medir.

Segunda contradicción. Todos aquellos que son partidarios de la eutanasia -derecho a morir dignamente lo denominan de forma tan falsa como eufemística- y que reclaman que cada uno haga con su vida lo que quiera, ¿por qué ahora reclaman con tanta firmeza que el Estado no puede dejar morir a Aminetu Haidar? ¿Por qué no respetan la voluntad de esta mujer? Me parece que no es mucho decir que sólo los que están en contra de la eutanasia pueden reclamar ahora que, efectivamente, no se deje morir a la señora Haidar.

Tercera contradicción. Zapatero dijo en unas declaraciones recientes y en el contexto de este asunto que el interés general de España era llevarse bien con Marruecos. ¡Hombre no señor presidente! Sin en la crisis del Alakrana, el objetivo prioritario era salvar las vidas de los marineros secuestrados por unos piratas y para eso se hizo de todo -humillación a nuestra Armada incluida- parece claro que el objetivo prioritario en este momento debería ser salvar la vida de Aminetu Haidar y si para ello hay que enseñar un poquito los dientes a Marruecos y exigirle que readmita a una ciudadana que tiene pasaporte de ese país, pues tampoco pasa nada.

En cuarto lugar, algo que no es una contradicción, sino un sin sentido. ¿Por qué el Gobierno se niega a que el Rey descuelgue el teléfono y hable con su homólogo de Marruecos del que don Juan Carlos dijo en su momento que lo consideraba como un hermano? La explicación oficial a esta negativa es que el Ejecutivo no considera necesaria esa intervención y que se quiere preservar la figura del Jefe del Estado tanto interna como externamente. ¿No será más bien todo lo contrario, es decir, que al Gobierno y a Zapatero les da pavor que una intervención del Rey tenga un resultado positivo y suponga en la práctica un bofetón para el Ejecutivo?

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