Fermín Bocos – La carta de Cayo.


MADRID, 11 (OTR/PRESS)

En estos tiempos en los que el correo se ha pasado a la electrónica y el lenguaje a la jerga de los «sms» hay que agradecer a Cayo Lara, coordinador de Izquierda Unida, que haya rescatado del olvido el género epistolar. Resulta que el campechano dirigente comunista se ha dirigido por carta al Rey don Juan Carlos para pedir que medie ante su «primo» Mohamed VI en favor de Aminetu Haidar. Encomiable la intención, rechazable la iniciativa. ¿Por qué? Pues porque el «caso Haidar» -una huelga de hambre planteada como elemento de presión política- es asunto que por su propia naturaleza corresponde resolver al Gobierno.

Dando por hecho que el ciudadano Cayo Lara sabe lo que dice la Constitución en su Artículo 97 -«El Gobierno dirige la política interior y exterior, la Administración civil y militar y la defensa del Estado…»- me inclino a pensar que la mencionada carta no es del todo inocente. Pedirle al Rey que medie en un asunto que envenena nuestras relaciones con Marruecos está fuera de lugar. Sabemos ya que La Zarzuela ha declinado la invitación recordando, de paso, que es al Gobierno a quien corresponde la iniciativa.

Si la respuesta hubiera sido otra tendríamos dos problemas. En primer lugar el derivado del albur de la pretendida gestión que aún en el supuesto de llevarse a cabo y de que hubiera salido bien, habría concitado voces criticando -con razón- el «puenteo» del Rey al Gobierno. En caso contrario -si la gestión con Rabat- no hubiera dado fruto, al fracaso se habría añadido la reconvención al Rey por haber intervenido en un asunto que como digo, por su naturaleza política, es competencia del Gobierno. Así las cosas, llego a la conclusión de que la carta o es de una ingenuidad que tumba o es una carta envenenada.

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