José Cavero – Haidar regresó a El Aaiún.


MADRID, 18 (OTR/PRESS)

Finalmente, y cuando su salud había comenzado a resentirse, la saharaui Haidar ha regresado a su patria Sáhara, con permiso y autorización del Estado que administra ese territorio de pésima descolonización. Todos, en estos 32 días de su estancia en Lanzarote, y de su huelga de hambre, hemos llegado a conocer bien su nombre y apellido y sus penosas circunstancias personales: Aminetu Haidar había dejado a sus hijos en El Aaiún, y quería regresar con ellos a cualquier precio, incluso al de su vida. Pero las autoridades de un Reino que la había expulsado y que le había quitado el pasaporte, se oponía a que su vida tuviera más secuencias y otros escenarios. Hubiera querido que la vida de la activista terminara en esa estancia del aeropuerto de Tenerife en el que transcurrió su mes más terrible, o cuando menos uno de ellos. Porque las huelgas de hambre, como la permanencia en cárceles, han sido etapas ya conocidas con anterioridad en la intensa vida de Haidar.

Ahora, en este mes, y contra todos los deseos de las autoridades marroquíes, su caso, su peripecia, «su vida al borde de la vida», le ha hecho crecer y engrandecerse, posiblemente como nunca le había sucedido anteriormente. Nunca Haidar había llegado al conocimiento internacional y mundial, nunca sus propósitos y objetivos políticos habían llegado a ser tan conocidos, y en muchas ocasiones, apoyados y aplaudidos. Por lo menos, se han hecho respetables para una parte importante de la opinión pública, sin que faltaran quienes desde el principio calificaron el caso de utópico y a Haidar de activista molesta y sin sentido, en un mundo de fronteras ya determinadas e intocables. Haidar lucha contra esas fronteras que retienen a sus compatriotas saharauis en un estado que les disgusta profundamente, que quisieran ver superado por una realidad nueva y distinta, la de un estado del Sáhara Occidental. Esa es la meta de Haidar, y posiblemente volvamos a ver sus huellas por alguna parte del mundo, enfrentada a alguna circunstancia que pretenderá superarla y doblegarla, como ha sucedido en Tenerife.

Haidar ya ha podido dormir con sus hijos en El Aaiún, al término de 32 días de dureza extraordinaria, sometida a la dieta rigurosa de agua y azúcar, y ahora emprenderá una vida nueva, permanentemente bajo la mirada de un régimen político que la ha declarado no grata y digna de persecución permanente allá donde fuera. Pero ha vuelto a demostrar su capacidad para superar las pruebas más difíciles, sin deseo alguno de verse en las páginas de los récords del Guiness. Haidar sólo quería regresar a El Aaiún, y ha conseguido su propósito, aunque para ello haya tenido que enterarse de sus últimos propósitos el mundo entero: el secretario general de la ONU, el Parlamento Europeo, la secretaria de Estado Hillary Clinton, el presidente Sarkozy y, por supuesto, Zapatero, Moratinos…, que en los últimos 32 días se esforzaron por evitar que la causa saharaui se cobrara una víctima mortal más. Por lo menos, no en Tenerife…

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