Fernando Jáuregui – Siete días trepidantes – Cómo se evitó por dos veces que el Gobierno estallara


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

La oposición, y algunos medios, insisten en pedir a Zapatero, y también al ministro Moratinos, que expliquen sus «mentiras» en relación con la solución del «caso Haidar». Da la impresión de que en algunos círculos ha irritado que el peligroso conflicto desatado por la huelga de hambre de la tenaz activista saharaui se haya resuelto. Puede que no todo lo negociado estos días con la tozudez del monarca marroquí pueda radiarse; pero si algo hubiera salido mal hubiera ocurrido lo mismo que si el secuestro de los marineros del «Alakrana» hubiera concluído en tragedia. Es decir, que el Gobierno de Zapatero hubiera estallado en pedazos.

Consta que el ministro de Exteriores, que ha tenido un papel mucho más importante del que algunos quieren concederle en la negociación subterránea para que Marruecos acabase cediendo para el regreso de Aminatu Haidar a El Aaiún, hubiese abandonado el Ejecutivo, por propia decisión, si la huelguista de hambre hubiese fallecido. De la misma manera que consta que la vicepresidenta Fernández de la Vega llegó a decir a sus colaboradores, cuando las cosas se ponían feas con los piratas somalíes, que se preparasen para abandonar sus puestos, porque, si el secuestro costase una sola vida de los marineros españoles, ella pensaba dimitir de inmediato.

Pero ambos episodios, muy complicados en sus ramificaciones internacionales, han acabado sustancialmente bien. Lo cierto, en lo que se refiere al «caso Haidar» es que la diplomacia española, con Moratinos al frente, ha tenido que implicarse a fondo tanto para facilitar el acuerdo agrícola de la UE con Marruecos -lo que no favorece a los intereses españoles- como para que la Administración norteamericana, con Hillary Clinton a la cabeza, se involucrase en la exigencia a Rabat para que cediese.

En una negociación todos pierden algo y todos ganan algo: la imagen del régimen alauita ha perdido aún más enteros, aunque las verduras y hortalizas marroquís hayan salido beneficiadas. España, por el contrario, ve lesionados los intereses de sus agricultores (aunque el ministro de Fomento lo desmienta), pero me parece que el Gobierno ha salido indemne, pese a los intentos de algunos portavoces de la oposición de aprovechar el lance.

Lo que ocurre es que el Gobierno está internamente tan tocado que ya ni siquiera sabe vender las pocas cosas que le salen bien. Zapatero pierde aceleradamente apoyos en los medios -y ahora, por si faltaba algo, llega Berlusconi al control del mayor emporio televisivo español- y desciende en la valoración de las encuestas. Aunque, sin duda, cuando, el próximo día 30, comparezca ante los periodistas en la última rueda de prensa del año, tratará de sacar pecho. Lo cierto es que ha sacado a flote la financiación autonómica, ha resuelto los dos conflictos más explosivos en política exterior y ha salvado, acaso «in extremis», la cohesión del Gobierno, amenazada por esos dos conflictos, el «Alakrana» y el «Haidar», a las puertas de comenzar a ejercer la presidencia semestral de la Unión Europea.

Pero no menos cierto es que la crisis económica no acaba de amainar -el proyecto de ley de Economía Sostenible parece ya un fiasco– y una sensación de que esa crisis se extiende también a lo institucional -lo de los toros en Cataluña no es más que un símbolo frívolo, pero símbolo al fin- comienza a instalarse en el cuerpo social.

No, definitivamente 2009 no ha sido un buen año para Zapatero, por más que, el pasado viernes, los reunidos en Consejo de Ministros se empeñasen en mostrarse eufóricos y en felicitar a Moratinos como el héroe que logró resolver el feo asunto Haidar. Debo insistir en que casi todo lo demás seguramente va mal, pero, digan lo que digan, la política exterior se salva de la quema.

fjauregui@diariocritico.com

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