Fernando Jáuregui – No te va a gustar – Aquí hay tomate… o no


MADRID, 21 (OTR/PRESS)

La fotografía de Mariano Rajoy enarbolando tres tomates, como símbolo de las cesiones agrícolas, presuntas o reales, del Gobierno Zapatero a Marruecos a cambio de una salida a la angustia «Haidar/Gandhi», ha dado la vuelta a Europa. Debo reconocer que ignoro si este pacto subterráneo ha existido, como dice el PP, o no, como insiste indignadamente el Gobierno. Hay que decir que se trata de un acuerdo preferencial para exportaciones agrícolas suscrito con la Unión Europea, no con España, y presumiblemente cerrado antes de que la activista saharaui iniciase su huelga de hambre. Y también, por otro lado, es de reconocer que la casualidad en la coincidencia entre el momento del acuerdo y el de la autorización para que la señora Haidar regresase a El Aaiun es demasiado tentadora como para no ponerla en evidencia.

Ocurre, no obstante, que la acusación lleva consigo la carga de la prueba, y ni el Partido Popular, ni los medios -inicialmente, reconozco que estuve entre ellos y entono el «mea culpa»_que han denunciado «pacto secreto» han aportado, me parece, las pruebas suficientemente contundentes como para no albergar la más mínima duda. Los caminos de Mohamed VI son inescrutables, y a ello me remito: está por ver qué ha hecho que la inflexible diplomacia alahuita modificase sus criterios sobre el regreso de la incómoda Haidar. Pero sospecho que mucho más que los tomates ha pesado ese reconocimiento «de facto» por parte de España, en un documento público, sobre la existencia de un Sahara marroquí, cosa que no había ocurrido hasta ahora.

El triunfo diplomático de Rabat es, desde ese punto de vista, incuestionable, aunque también es verdad que la monarquía feudal que impera en Marruecos ha salido muy tocada, desde el punto de vista de su imagen, con este «affaire» protagonizado por una mujer de voluntad indomable, reconocido remedo saharaui y femenino de Mahatma Gandhi.

Insisto en admitir que soy incapaz de asegurar que el pacto con Rabat se haya hecho a costa de la agricultura española; reconozco que, a estas alturas, más bien me inclino a pensar que la Unión Europea jamás nos hubiera echado esa mano. Pero también digo que el tema es baladí, una vez más, cuando se habla del conjunto de nuestras relaciones exteriores: la vida de Haidar seguramente bien merece una subvención a los tomateros españoles, suponiendo que sea de eso de lo que estamos hablando. Otra cosa son y han sido las oscilaciones en la doctrina diplomática de España con respecto a su penúltima colonia, el Sahara. Eso sí que debería preocupar a la oposición, al Gobierno y a la oposición cuando era Gobierno. Pero aquí, ya se sabe, andamos siempre en los aspectos visuales: ¿qué mejor foto que la de Rajoy con tres tomates en la mano?

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