Luis del Val – Sondeos y audiencias.


MADRID, 21 (OTR/PRESS)

Una señora, conocida porque se casó con un torero y, luego, se divorció, tomó una decisión en su vida personal, según ella muy trascendente, y se operó la nariz. Hay cientos de mujeres que se someten a una rinoplastia todas las semanas, divorciadas de toreros, notarios, cultivadores de champiñón y especuladores de postín, pero los resultados de esta rinoplastia en particular han sido seguidos con un gran interés por parte de la opinión pública. Esto de «gran interés» puede parecer un comentario subjetivo, pero se convierte en una afirmación científica cuando se sabe que la aparición de la nariz y su propietaria en un programa de televisión alcanzó los 6 millones de personas, asunto que tiene narices, dicho sea con perdón por el fácil juego de palabras.

A la vez, aparece una encuesta política en la que se colige que el PP recibiría unos once millones de votos y el Psoe unos diez, eso, claro, según la participación, y, a raíz de ello a mí lo que me gustaría saber es el porcentaje de telespectadores que contemplaron con interés y unción el asunto de la nariz, los que no lo contemplaron, los que ni saben, ni contestan, y a qué partido político piensan votar.

Dado que las política económica se rige en el Banco Mundial, las corridas de toros en Cataluña, y las promesas electorales se hacen para no cumplirlas, necesito el dato para orientar mi voto.

Por ejemplo, si de los seis millones de telespectadores del resultado de la rinoplastia, cuatro votan PP, y dos, PSOE, seguiré votando PSOE aunque Zapatero decida sustituir la cruz de la Cruz Roja por una caperucita, la Caperucita Roja. Y, si es al contrario, votaré PP, aunque a un consejero de Camps le pillen con la corona de la Virgen de los Desamparados debajo de la cama. Está claro que nos encontramos en un momento en que para decidir el voto no queda más remedio que guiarse por la nariz.

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