Pedro Calvo Hernando – País de fuertes paradojas.


MADRID, 22 (OTR/PRESS)

España es también un país de fuertes paradojas, pero en ocasiones la cosa se convierte en algo digno de anotarse en los archivos feos de nuestra convivencia. Dos casos de última hora. Uno es el código ético del PP, esa pamema de hacerse pasar ahora por el partido más maravilloso en cuestiones de ética y de honradez. Lo aprueban cuando el caso Gürtel, el Palma Arena y tantos otros adornan su ejecutoria y esperan todo tipo de decisiones judiciales, dentro del mayor océano de corrupción que ha conocido la historia.

Y lo hacen al tiempo que glorifican nada menos que a Carlos Fabra, el famoso presidente castellonense implicado en no sé cuántos casos de corrupción político-administrativa. Y en el momento en que se hacen con la alcaldía de Arrecife de Lanzarote gracias al apoyo de tres imputados, olvidando ahora los innumerables incumplimientos del pacto antitransfuguista. Aunque todo esto son pequeñas cosas en comparación con lo del mencionado océano de corrupción, que afecta a docenas de personajes más o menos conocidos que militan en esas filas.

La otra paradoja de ahora mismo es la del presidente de los empresarios españoles, que a la hora de escribir esta columna no había dimitido de la presidencia de la CEOE, después de otra pamema de hace unos días, cuando ponía su cargo a disposición de la junta empresarial, a sabiendas de que le iban a aclamar encima. No tengo tampoco nada personal contra este señor, que me parece un tipo simpático y amable y que un día dijo que la presidenta de Madrid era cojonuda. Pero tengo que repetir la obviedad de que no pueden cerrar tu empresa por insolvencia y al mismo tiempo que tú no te cierres tu presidencia de la CEOE.

Creo yo que los empresarios españoles se merecen más respeto y querrán tener como presidente a una persona sin esas tachas aunque solamente fuese por la cosa de la ejemplaridad, del qué dirán y de la vergüenza torera, aunque de toros no quería yo hablar hoy, tal vez en otro momento. En fin, las fuertes paradojas son algo divertido, pero un país serio no puede funcionar con ellas encima.

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