Victoria Lafora – Son un problema.


MADRID, 23 (OTR/PRESS)

Sin ningún afán de fastidiar las Navidades a nadie, hay que comentar, no queda más remedio, el sorprendente dato de la encuesta del CIS: los españoles consideran que los políticos son el tercer problema que más les preocupa detrás del paro y las dificultades económicas. O sea, que esos representantes, a los que han elegido en las urnas, unos para que gobiernen, otros para que legislen en el Congreso o ejercen sus labores de leal oposición, algunos para dirigir Comunidades Autónomas y, los más, al frente de Ayuntamientos; todos, cada uno en su ámbito, por su ineficacia, son un problema para los ciudadanos.

La respuesta de los encuestados por el Centro de Investigaciones Sociológicas es tan grave que debería llevar a una verdadera convulsión en la clase política, si todavía tuviera capacidad de reacción. Pero la convivencia con la corrupción, que azota por igual a todos los partido políticos y las estratagemas para ocultar las culpas propias y magnificar las ajenas, ha generado una concha de tolerancia a los dirigentes de los partidos y una capacidad para mirar para otro lado realmente asombrosa.

Tampoco los votantes somos especialmente exigentes a la hora de depurar responsabilidades con quien mete la mano en la bolsa de todos. El caso más reciente y llamativo es el del ex alcalde de Santa Coloma de Gramanet, miembro del PSC, detenido por la «Operación Pretoria» y al que empresarios y vecinos le van a pagar mediante una colecta la fianza de 500.000euros para que pueda pasar la Navidad en casa. Seguramente si se volviera a presentar, por las mismas razones que le prestan el dinero, le votarían. Debió repartir beneficios…

Pero no ha sido la corrupción, que es lo más grave, lo que ha llevado a la ciudadanía a creer que la clase política, la peor que ha tenido este país desde la ensalzada «Transición», es un problema para España. Ha sido su incapacidad para solucionar la crisis económica y lograr acuerdos frente al paro, lo que les ha llevado, en la consideración de la ciudadanía, a pasar de ser una posible solución, a convertirse en parte del problema.

La preocupación por temas como la vivienda, la inseguridad, el terrosismo o la inmigración, se han relegado a un segundo plano, toda vez que los encuestados han perdido la confianza en que la clase política, sea del partido que sea, vaya a resolver una situación económica a la que no se ve salida. Su escepticismo es tal que ni siquiera creen que la presidencia española de la UE vaya a servir para mejorar en algo la situación. Y no es por fastidiar a los políticos estas entrañables fiestas, pero es lo que piensa la mayoría.

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