Fernando Jáuregui – 2010: de esta vamos a salir


MADRID, 1 (OTR/PRESS)

¿Andamos algo decaídos al iniciar la maratón de 2010? Seguramente, no será para tanto. Aunque hacía lustros, quizá décadas, que no se recibía con tanta aprensión la llegada de un año nuevo. Y tampoco la conferencia de prensa con la que el presidente Zapatero cerró el curso político 2009, y la réplica que le dio Mariano Rajoy a continuación, nos han servido, me parece, para enaltecer los ánimos.

Y eso que, si echa usted un vistazo, comprobará que los restaurantes están tan llenos como lo estaban en las mismas fechas, teóricamente de alegría, del año anterior, las tiendas dan la impresión de mantener una actividad si no frenética sí, al menos, suficiente, los coches se venden mucho mejor que hace algunos meses, las agencias de viajes dicen que no hay billetes en los vuelos a los puntos más turísticos… Un observador superficial, o un recién llegado de Marte, dirían, ante el jolgorio con el que se esperaban las campanadas de medianoche y los frívolos espectáculos que nos prepararon las semifusionadas «teles», que aquí no hay crisis. Claro que la hay, pero ocurre lo de siempre: unos tienen más crisis que otros. Y, entre los primeros, no pocos pretenden que no se note. O, simplemente, han decidido ignorarla, aunque haberla, hayla.

Decía Napoleón -la frase no es textual– que una crisis comienza cuando se admite que existe. Si eso fuera así, con la de veces que nuestro presidente del Gobierno ha negado que la crisis exista, estaríamos en plena bonanza. Pero, con todo, me parece que merece la pena ser algo más positivos de lo que se muestran algunos tertulianos, bastantes columnistas y ciertos miembros de las oposiciones varias; no se trata de caer en un irresponsable optimismo, antropológico o irredento, pero tampoco de situarse en el catastrofismo y menos en la complacencia ante la desgracia. De esta vamos a salir; aunque no sabemos cuándo (ni cuántos).

Los retos de este 2010 son tremendos, y todos ellos vienen coleando del pegajoso 2009 «horribilis»: desde la sentencia del alicaído Tribunal Constitucional sobre el Estatut hasta los pactos de Estado que puedan suscribir Gobierno y Partido Popular. Unos pactos que recibieron un fuerte varapalo cuando el presidente Zapatero dijo, en su despedida del año, que no es partidario de ellos por su ideología (la de él, claro, no la de los pactos, que no tienen por qué tener color necesariamente).

Los desafíos son muchos, ya digo, y no es este el lugar ni el momento para pasar revista al listado; pero me parece que debemos entrar en 2010 con ánimo de superarlos. Todos. Quizá por ello, las autoridades han decidido utilizar el pretexto de la presidencia semestral de la UE por España para lanzar a los aires de muchos puntos del país pirotecnias y espectáculos de luz y color variados: hay que levantar los espíritus. Al final, las formas, en política y en la vida, cuentan mucho: está bien que nos sintamos, aunque sea por un semestre, presidentes de todas las europas.

Yo no puedo sino reiterar mis deseos de felicidad para todos los lectores y expresar mi confianza -que realmente no tiene por qué estar infundada_en que el león de 2010 no será tan, tan fiero como nosotros mismos, desde los más diversos rincones, lo hemos pintado.

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