Fernando Jáuregui – La semana política que empieza – Dedicado a los que empiezan mal el año.


MADRID, 03 (OTR/PRESS)

Siempre he pensado que, en la marea de cotillones, brindis y alegrías más o menos falsas que acompaña el tránsito de un año a otro, debería hacerse un sitio para el recuerdo solidario a los que empiezan mal el año. Y desde hace años echo de menos algún tipo de mensaje institucional -quiero decir, además del que lanza el Rey en Nochebuena- en el que los presidentes autonómicos, en lugar de las fanfarrias con las que concluyen el año, y el propio presidente del Gobierno central, tengan una mención para esa legión de gente que contempla más bien los nubarrones que les vienen encima que los placeres dorados que les pueda deparar el período que comienza, aunque sea un comienzo meramente simbólico.

Pero ya ven que nuestra clase política, ni quizá nosotros mismos, los que tenemos el privilegio de poder escribir en los periódicos, encontramos una hora en los primeros días de enero para hacer una referencia a los millones de parados -millones: se dice pronto-, a los que ven peligrar su puesto de trabajo o su pequeña empresa, a aquellos a los que definitivamente les va a ir mal la economía, por ejemplo en este 2010. Cierto que Zapatero, en su última rueda de prensa, habló de que su desvelo será combatir el paro; pero no sé si ese mensaje, demasiado genérico, era el que necesitan quienes no tienen trabajo y ven lejanas las posibilidades de conseguirlo.

Es el caso que nadie legisla, ni se afana, pensando en aquellos a los que les va mal. Es esta una constante de la Historia, de la que no cabe culpar, sino tangencialmente, a este o aquel Gobierno en concreto. Pero, para variar, alguna vez les tendría que tocar siquiera el premio de un recuerdo, de una mano tendida en plan solidario, a quienes hacen guardia en una garita extranjera, aguardan una cola interminable en un aeropuerto para tratar de viajar a ver a sus familiares o a los que este lunes se levantarán de la cama sin tener un puesto de trabajo que ocupar… ni demasiadas posibilidades de conseguirlo.

Y la verdad es que son muchos, bastantes más, me parece, que en años anteriores, quienes esta vez han empezado el año decididamente mal. O quienes no lo han empezado decididamente bien. Son muchísimos, creo, los que se sienten decepcionados con cómo se gestionan nuestros votos y nuestros impuestos. Hay como un silencioso grito en las calles que reclama un cambio en la planificación y en la ejecución de la cosa pública, pero nadie parece querer oírlo. Y, sin embargo, en esta semana, en la que comienza de hecho un nuevo curso político, alguien tendría que pensar en que algo, o bastante, debe cambiarse para que todo siga, por lo menos, básicamente igual. Y algo más justo y equitativo, si no fuese pedir demasiado.

Ha bastado una voz, la del presidente del Congreso de los Diputados, José Bono, reclamando -él, que no tiene, pese a su poder, capacidad para hacerlo- cambios en la normativa electoral para acercarla al ciudadano, para que la ciudadanía reaccione con un soplido de esperanza: oh, alguien sugiere algo nuevo, algo que nos sacuda de la modorra. ¿Es que no hay más voces que, ante este año nuevo y acordándose de los que ya no tienen ni siquiera ilusión política, se atrevan a lanzar programas mínimamente regeneracionistas, innovadores, imaginativos, rupturistas con esta galvana en la que nos han/hemos instalado?

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