Victoria Lafora – Reforma laboral sí o sí.


MADRID, 13 (OTR/PRESS)

Con cuatro millones de parados, doblando las cifras de desempleo del resto de países de la UE, queda poco tiempo para divagaciones o debates estériles. Ha llegado la hora de enfrentarse a una reforma laboral que salve del paro a los que todavía conservan su puesto de trabajo.

Pero esto no puede ser una excusa para abaratar el despido y seguir con la sangría a precio más barato. Tiene razón Rajoy cuando argumenta que es realmente «injusto» que exista un despido con indemnización de 45 días por año trabajado frente a otro de ocho días por año. Precisamente lo que hay que corregir es que no se pueda poner en la calle a ningún trabajador dándole, simplemente, el salario de ocho días como indemnización por perder su puesto de trabajo.

Parece que el Gobierno, ahora sí, lo tiene claro. El responsable de Trabajo ha advertido a sindicatos y patronal que si no son capaces de llegar a un acuerdo en la mesa del diálogo social, que han torpedeado durante meses, impondrá «su» reforma laboral porque el tiempo apremia.

UGT, CC.OO. y CEOE se reúnen el día veinte de este mes y, dos jornadas después, el Consejo de Ministros aprobará una hoja de ruta de por donde debe discurrir el calendario de la futura reforma laboral. Es un aviso a navegantes de que no se va a aceptar una nueva ruptura como la ocurrida en el mes de julio pasado.

¿Qué preocupa especialmente a Celestino Corbacho? El paro de los jóvenes, los que no encuentran su primer empleo y los que sólo tienen contratos basura de semanas e incluso días. Es evidente que entre el contrato indefinido con cuarenta y cinco días de indemnización y el «basura», sin derechos, hay otras modalidades en vigor en Europa que, ante el menor repunte de la economía, permiten crear puestos de trabajo. ¿Qué pasaría si se respetasen los contratos fijos a día de hoy, con indemnizaciones de 45 días, y a los contratos temporales se les diera la fijeza con indemnizaciones menos gravosas para las empresas? Hay que ponerse a pensar.

Ese es el esfuerzo que la sociedad exige a la mesa del diálogo social, a Gobierno y autonomías: imaginación, flexibilidad, voluntad de acuerdos y, a falta de una idea brillante, limítense a copiar los modelos que ya funcionan en los países del entorno.

En cuanto a las jubilaciones anticipadas, que permiten aligerar las nominas de las empresas con cargo al erario público, sin que contraten a jóvenes para sustituir a los prejubilados, se va a acabar el chollo. Corbacho quiere incentivar la permanencia en el puesto de trabajo, incluso después de los sesenta y cinco años. La hucha de las pensiones no es inagotable.

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