Fernando Jáuregui – Siete días trepidantes – Una oración por todos nosotros


MADRID, 16 (OTR/PRESS)

Pienso que también hay oraciones laicas. Rezar es, acaso, estar en comunicación anímica con nuestros semejantes; ni más, ni menos. Supongo que un inmenso clamor de rezos, con muy diferentes sensibilidades, credos y grados de escepticismo ante el hecho religioso, se ha alzado en todo el mundo al ver las horrorosas imágenes de Haití, uno de los países más pobres (y hasta ahora olvidados) de este planeta injusto que habitamos. Me confieso un ser que duda por principio ante casi todos los fenómenos que ocurren a mi alrededor, pero admito haber elevado una plegaria hasta no sé muy bien qué alturas al cerrar los ojos para no seguir viendo lo que las televisiones -y, encima, se han guardado lo peor_ nos mostraban durante toda esta semana de pesadilla.

No hay que ser demasiado hipócrita, ni tampoco cínico, ni excluyente, ni sectario, ante el rezo. He visto a gentes murmurar una oración, quién sabe qué tipo de oración, ante un cuadro que les impactaba en un museo, o mover los labios, arrebatados, escuchando una sinfonía: ¿quién puede decir que Dios, que es el dios que cada cual nos fabricamos –y allá cada uno de nosotros con nuestros arreglos con el más allá o el más acá–, no está en las pinacotecas o en las salas de conciertos? ¿O es que también nos quieren imponer una idea unívoca de Dios, invocando ecumenismos falsarios, cultos y ritos más o menos minoritarios? Por eso me rebelo ante esos gritos falsamente escandalizados por el hecho de que el presidente español, que no esconde su laicismo, ni falta que le hace, haya sido convocado por Barack Obama a una ceremonia de oración, y haya aceptado esta invitación. Faltaría más que Zapatero no pueda rezar lo que le dé la gana junto al presidente americano: ¿acaso una canción compartida no es ya una suerte de oración? ¿Será tal vez mentira que la expresión de una esperanza común podría convertirse en un rezo?

Ya sé que invocar buenismos es algo que viene siendo rechazado por quienes se manifiestan comentaristas pragmáticos y, sobre todo, por aquellos que aceptan la realidad presente sin pretender transformarla para mejor. Pero yo respetaré al máximo la oración conjunta de Obama, Zapatero y otros muchos que seguro que no comparten las mismas ideas religiosas, laicas o ateas, pero las expresan al mismo tiempo y en la misma ceremonia. Porque ¿acaso no pueden tomarse de las manos y rezar conjuntamente una oración, con muy distintas letras y músicas, por todos nosotros aquellos de quienes dependen nuestros destinos? No, París no vale una misa, pero este mundo injusto, del que Haití ha sido un cruel reflejo, bien vale el clamor de una oración con una letra unánime: esto no puede seguir así. Zapatero no me gusta por muchos motivos, pero tengo la impresión de que comparte con Obama, un hombre de buena voluntad, al menos esta convicción: no, no podemos seguir lo mismo tras haber visto, de manera tan brutal, al ser humano en su miseria extrema. Prefiero que recen juntos por un mundo mejor a que juntos conspiren por un mundo para ellos más conveniente. Oremos por eso.

fjauregui@diariocritico.com

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