Carlos Carnicero – Zapatero y las arrugas del poder


MADRID, 17 (OTR/PRESS)

El tiempo, inexorable, se manifiesta sobre todo en las arrugas del rostro: quien detenta y ejerce poder envejece más visiblemente. Al presidente Zapatero se le nota además en la falta de frescura. Su descaro antes era atractivo porque jugó fuerte a ser un político cercano. Su sonrisa y sus cejas convexas tuvieron un efecto muy seductor frente a la hierática mirada de José María Aznar en la guerra de Irak. Ahora todo es distinto, e incluso en el seno del disciplinado partido socialista empiezan a oírse susurros que se preguntan si el presidente no es ahora un lastre para el futuro del socialismo español.

La ventaja principal de José Luis Rodríguez Zapatero se está amortizando: Mariano Rajoy sigue impávido, sin despeinar sus canas; no necesita hacer ningún esfuerzo para que su partido progrese. El no precisa ser popular para que el PP crezca en las encuestas. Pero la aversión a Rajoy, que era uno de los principales activos del presidente socialista, ya no amortigua la caída de los índices de aceptación del Gobierno. Y el Gobierno es Zapatero; nunca compartió la gloria con nadie.

Los ministros no tienen dirección; son desautorizados por las vicepresidentes del Gobierno y se evidencia la falta de cohesión del liderazgo del presidente de Gobierno sobre su equipo. No hay autoridad; hay un cierto despotismo de quien, en palabras de Carlos Solchaga, trata a sus ministros como meros secretarios.

Una parte importante de la prensa internacional ha vapuleado al presidente español y puesto en duda su capacidad de liderazgo europeo. Queda mucho tiempo todavía para las elecciones generales, aunque hay un calvario previo de autonómicas y municipales. Las señales de alarma se han disparado con las encuestas en Andalucía, donde por primera vez el PP supera en intención de voto al PSOE.

Las arrugas determinan también la incapacidad para modificar personalidades asentadas. José Luis Rodríguez Zapatero ya no es un niño, aunque quiera alimentar la imagen de eterno joven rebelde. Pero la realidad le pasa factura cada día y su intención de confiar su recuperación sólo a que la crisis amaine revela que no ha aprendido de sus propios errores. Las arrugas de Zapatero parecen ya irreversibles.

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