Pedro Calvo Hernando – Dos siglos de injusticia.


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

Me parece muy bien el coro universal de lamentaciones ante la gran tragedia desencadenada en Haití por el terremoto que se sabía que llegaría, aunque se ignoraba cuándo. Las potencias históricamente responsables de la extrema pobreza de ese país y de su carencia de infraestructuras mínimamente sólidas están reaccionando por la vía de la misericordia -algo es algo-, pero nada les he oído decir sobre las terroríficas injusticias cometidas allí, al menos durante los dos siglos que dura su independencia. Es elocuente que el origen de la nación se sitúe en la rebelión de los esclavos negros precisamente contra la extrema explotación colonial a la que estaban sometidos. Durante estos doscientos años la verdad es que nada se ha avanzado, debido a la incuria de los poderes locales y a la injuria de los poderes externos. Doscientos años después llega un terremoto nada traicionero que destroza lo poco que allí había y que se inscribe en la lista interminable de las catástrofes naturales que se ceban casi sin excepción en los países más pobres y desamparados.

Sólo faltaba que ahora las potencias responsables se peleasen por salir en la foto o por imponer su presencia protagónica en la ayuda y luego en la reconstrucción, como puede parecer. Estados Unidos, con sus diez mil soldados, muchos marines, de infausto recuerdo, a los que espero que Obama imponga un comportamiento que nada tenga que ver con la historia del patio trasero. O Francia, que por algo los desgraciados haitianos, descendientes de aquellos esclavos negros, siguen hablando francés, deberá asumir también sus responsabilidades históricas. Sin peleas, como deben hacer USA y los demás directa o indirectamente señalados por el dedo de la historia de este país que ahora sufre infinitamente, pero que nunca ha dejado de sufrir. Pienso yo que será Naciones Unidas la instancia que deba coordinarlo todo y repartir el juego internacional de la solidaridad y la distribución y control de las ayudas, esas que en catástrofes similares fueron finalmente a parar al bolsillo de las oligarquías locales.

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