Rosa Villacastín – El Abanico – Qué sería de nosotros sin los emigrantes.


MADRID, 21 (OTR/PRESS)

La decisión del alcalde de Vic y de sus concejales, de no empadronar a más emigrantes, no solo ha avivado la polémica sobre los graves problemas económicos que aquejan a los municipios, sino que ha puesto sobre la mesa un tema que permanece larvado pero que a la mínima, salta por los aires con toda crudeza: el rechazo al diferente, a esas gentes que llegaron a nuestro país en busca de trabajo, para lograr una vida mejor y más digna de la que tenían en sus países de origen. Un rechazo que no es una utopía, es una realidad que algunos partidos aprovechan para conseguir votos en el caladero del descontento.

De ahí la obligación que tienen los representantes de los grandes partidos de abordar este asunto sin apasionamiento, analizándolo en toda su magnitud -el laboral, el humano, el educativo, el de la salud- ya que afecta a miles de personas, familias enteras, la mayoría de las cuales se han dejado la piel realizando trabajos que a los españoles les parecían indignos, o de poca categoría, ahora que España pertenece a los países desarrollados, ricos, por más que la crisis nos haya puesto a todos en nuestro sitio, ante una realidad Que habíamos olvidado que existe.

Avivar el fuego contra los emigrantes, a los que necesitamos si verdaderamente queremos que nuestro país siga siendo competitivo, denota no sólo que algunos piensan más con las vísceras que con el cerebro. Y pregunto yo ¿qué sería de tantas españolas que trabajan en grandes empresas, autónomas, abogadas o profesoras que para poder atender bien su trabajo tienen que dejar a sus hijos en una guardería o con una empleada de hogar, casi siempre extranjera?. ¿Qué sería de esas familias con padres mayores a los que no pueden atender porque sus múltiples ocupaciones se lo impiden? ¿Qué sería de tantos empresarios de la restauración, de la peluquería, del comercio, de las farmacias, si no fuera por los emigrantes que atienden sus negocios con profesionalidad y honradez?.

Equiparar como hacen algunos, emigración con delincuencia, es un disparate que puede pasarles factura. ¿Alguien se imagina lo que sucedería si todos los emigrantes se pusieran un día, un solo día, en huelga porque están hartos de que se les denigre, de que se les insulte, de que se les compare con delincuentes de baja estopa -que los hay, también españoles, también de guante blanco-, de que no se reconozca su trabajo, su contribución al bien de la economía nacional? A mí, que tengo madre mayor, que salgo por la mañana y no vuelvo hasta la noche, se me abren las carnes solo de pensarlo, pues un 80 por cierto del mundo que me rodea, de las gentes que me rodean, son de otros países, que viven y trabajan en el nuestro por necesidad y porque muchos se siente tan o más españoles que esos que despotrican contra todos y todo, que suelen ser los mismos que vociferan que a los emigrantes se les regalan los pisos, en su intento desesperado por crear un malestar que si es cierto que existe, no es mayoritario ni mucho menos.

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