Fernando Jáuregui – Una radiografía (entre otras posibles) de España


MADRID, 22 (OTR/PRESS)

La que sigue es una de las crónicas periodísticas posibles de un día en la España oficial y oficiosa. Hay otras radiografías posibles, trozos del cuadro de la España dominante. Luego, es posible que esté la realidad ciudadana, la de la calle, alejada de todo eso. Supongo que suele ocurrir. Desde luego, ocurre aquí y ahora.

Cinco ministros, cinco, en la cena que, con motivo de Fitur, ofrece ya tradicionalmente el presidente del Gobierno de Cantabria, Miguel Angel Revilla, en un hotel madrileño de esos modernos de cinco estrellas. El de Revilla suele ser el gran acto social paralelo a la gran Feria del Turismo que anualmente se convoca en Madrid, capital del país turístico por excelencia: el activo presidente cántabro sabe hacer estas cosas . Zapatero había comprometido su asistencia a la cena de su amigo «el de las anchoas», pero, finalmente, sus obligaciones como presidente semestral de la Unión Europea le impidieron acudir. Lo mismo les ocurrió a, al menos, otros dos ministros, entre ellos al cántabro Alfredo Pérez Rubalcaba, uno de los más activos estos días.

Pero sí estaban en la cena de la noche del jueves, junto a los más nutrido de la colonia cántabra en Madrid, amén de muchos nativos que habían acudido especialmente a esta cena y a la celebración del «día de Cantabria» en Fitur este viernes, los empresarios más importantes de España. «¿Cuánto PIB estará aquí representado?» se preguntaba, con gracejo, Revilla, que pronunció uno de esos discursos populistas de no menos de media hora que hacen sonreir y aplaudir a sus oyentes. Además de Emilio Botín, el presidente del Santander, que no falta a ninguna convocatoria de Revilla, por allí andaban Villar Mir (OHL), Isidro Fainé (La Caixa), Florentino Pérez (ACS), Isidoro Alvarez (El Corte Inglés), Luis del Rivero (Sacyr- Vallehermoso)…Los citados eran los más significativos, pero había otros muchos integrantes del «gotha» económico. Y del deporte (¿cómo iba a faltar «Paco» Gento?), y del periodismo…

Y, claro, expectación máxima: ¿con quién departía a solas durante un rato el ministro de Industria, Miguel Sebastián? Pues con Del Rivero, dando pábulo a quienes dicen que el ministro apoya las pretensiones del constructor para hacerse con la presidencia de Repsol, desbancando a Brufau, el gran ausente en la macrocena. ¿Qué se decían, al abandonar juntos la cena, Botín y Florentino? Seguro que no hablaban del casi cantado fichaje del racinguista Canales por el Real Madrid. ¿Existía «química» entre Sebastián y la vicepresidenta (y diputada por Cantabria) Elena Salgado, sentados frente a frente en la mesa principal? Desde luego, hablar, lo que se dice hablar entre ellos, no hablaban mucho. Todo un dato para la radiografía, para la crónica de los entresijos del poder.

Algunos se preguntaban qué hacen determinados ministros/as, además de acudir a desayunos de esos político-empresariales que tanto éxito tienen en Madrid, a almuerzos de lo mismo y a cenas de más de lo mismo. Porque, por ejemplo, la titular de Ciencia, Innovación y Tecnología -no, tampoco se la vio hablar mucho con su colega de Industria–, Cristina Garmendia, fue vista por la mañana en un desayuno-conferencia de Patxi López y, por la noche, en la espléndida cena cántabra. Y no, tampoco había, que se viese, una gran representación de la oposición «popular», bastante reñida, como se sabe, con Revilla, que gobierna con los socialistas.

Conste: esto no quiere ser una crítica al acto social convocado por Revilla, uno de los presidentes autonómicos más activos en un campo tan importante como el de las relaciones públicas y que tanto está logrando del Gobierno español gracias a esta labor -declaro, como ciudadano cántabro, sentirme orgulloso de su trabajo en este campo–. Esto, simplemente, quiere ser, como antes dije, un pedazo de radiografía de una España que está como está y está donde está. Hay otras radiografías posibles, ya lo he dicho. Y luego, la fotografía de la realidad de un país, bastante ajeno a galas de inauguración de la presidencia europea limitadas a la «España de los mil doscientos», a agasajos autonómicos, a conversaciones de altos negocios y a la sonrisa encantadora de algunas ministras. Todo eso es necesario, sin duda. No digo que no. Pero ¿y lo demás, y los demás?

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