José Cavero – Las batallas de Obama.


MADRID, 22 (OTR/PRESS)

Aunque algunos analistas han comenzado a ver al Obama ya caído en desgracia, y hasta juguete roto, después de tan sólo un año de ejercicio del mayor poder mundial, como presidente de Estados Unidos, son muchos también quienes entienden que el liderazgo de Obama tiene por delante muchas otras pruebas que resolver, algunas de las cuales está afrontando, por lo menos, «con gran dignidad. Los europeos, por ejemplo, o alguno de ellos, hemos quedado perplejos ante la capacidad de reacción demostrada por el líder norteamericano en la tragedia de Haití. Después de apenas un par de días de vacilación y de recuento de daños hubo un breve tiempo de indecisión internacional: ¿Quién se ocupa de esta enorme tragedia, quién se hará cargo de poner en orden este caos producido por los movimientos sísmicos? Hubo algunos tímidos intentos, entre ellos el de Sarkozy, que pronto tuvo que dar paso a la abrumadora capacidad norteamericana en movilización de tropas, de primeros auxilios, y en gestionar los efectos del terremoto. A los pocos días, y cuando aún han continuado rescatándose víctimas bajo los escombros, no hay duda de que los Estados Unidos han asumido el mando de la operación, y los restantes países se limitan a ayudar y colaborar en esa tarea extraordinaria. Es sólo, sin embargo, una de las batallas que asumen y dirigen Obama y su Gabinete.

Pero, paralelamente, tiene capacidad la administración norteamericana de retar a la gran banca para que se atenga a las consecuencias en el caso de que no acepte las normas que tratan de impedir la repetición de la crisis económica mundial. En una actuación que algunos pueden considerar chulesca, Obama no ha tenido inconveniente en retar a «los poderosos de este mundo», la banca, con una frase que hoy se repite en muchos titulares de prensa: Si estos tipos quieren pelea, la tendrán…, ha dicho. En efecto, haciéndose eco de la indignación popular con Wall Street, el presidente Barack Obama lanzó este jueves varias propuestas que tienen como objetivo introducir severas restricciones en el tamaño y las actividades de los gigantes financieros del país, limitando su crecimiento y la cantidad de riesgo que pueden asumir con los fondos de sus clientes. «Mientras el sistema financiero es mucho más sólido hoy que hace un año, aún está operando bajo las mismas reglas que le llevaron cerca del colapso», dijo Obama en una comparecencia ante los medios en la Casa Blanca. Y añadió: «Mi determinación en reformar el sistema se ha reforzado al ver un retorno a las viejas prácticas de algunas compañías que están luchando contra la reforma, y cuando veo los beneficios récord de algunos bancos que aseguran que no tienen fondos para prestar a las pequeñas empresas, o mantener los intereses de las tarjetas de crédito bajos». Según declaró, «es exactamente este tipo de irresponsabilidad que deja claro que la reforma es necesaria». En esencia, el presidente solicitó una reintroducción de las regulaciones sobre las entidades bancarias que rigieron el país durante décadas, identificadas sobre todo con la ley Glass-Steagal, y que fueron eliminadas por el Congreso de forma definitiva en el año 1999. El levantamiento de estas restricciones permitió que los grupos bancarios pudieran no sólo poseer instituciones que gestionaban depósitos bancarios, sino también bancos de inversión de Wall Street. Con estas nuevas medidas, que deberán ser aprobadas por el Congreso para entrar en vigor, el presidente pretende evitar que se creen instituciones que son «too big to fail» («demasiado grandes para hundirse»), una situación que obligó al Estado a salir a su rescate, al considerar que con su quiebra podían poner en peligro todo el sistema financiero del país. Con un gesto grave, el presidente aseguró que «los contribuyentes no volverían a ser rehenes» de los grandes bancos, unas declaraciones que confirman el endurecimiento, por parte de la Casa Blanca, en su postura respecto a la reforma de Wall Street experimentado en las últimas semanas. La Casa Blanca ya presentó el pasado verano una propuesta de reforma de los mercados financieros mucho más laxa, y favorable a los intereses de Wall Street. Ahora, según los analistas políticos, Obama habría decidido adoptar un tono más populista e incisivo con Wall Street para compensar la caída en popularidad que le ha supuesto los problemas que atraviesa la reforma sanitaria, -su otra gran batalla abierta- aprovechando la indignación popular por los beneficios de los grandes bancos, y los bonus multimillonarios que reciben sus dirigentes. «Esta prohibición establece que se puede elegir entre comerciar con propiedades o poseer un banco, pero no se pueden hacer ambas cosas», declaró un asesor de la Casa Blanca antes de la comparecencia de Obama. Además de evitar que los bancos comerciales puedan poseer bancos de inversión o «hedge funds», el plan presentado el jueves por Obama también limita el crecimiento de las grandes instituciones bancarias prohibiendo que ninguna de ellas acumule más del 10% de los depósitos bancarios garantizados por el Estado. Asimismo, el presidente apuesta por que los reguladores impongan límites en el apalancamiento de los bancos comerciales, y en la cantidad de fondos que gestiona que no son depósitos. Obama no concretó en detalle el alcance de estas nuevas limitaciones, que deberán ser establecidas por el Congreso, o los propios reguladores. ¿Quién ganará este pulso? ¿El muy poderoso presidente de Estados Unidos o la no menos poderosa banca americana?

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