Victoria Lafora – Las contradicciones


MADRID, 23 (OTR/PRESS)

La última modificación de la Ley de Extranjería se aprobó hace poco más de dos meses en el Congreso. Entonces ni PP, ni CIU, ni ERC presentaron ninguna propuesta para dejar sin padrón a los inmigrantes irregulares. Pero, año nuevo vida nueva, se acercan las municipales y autonómicas, sobre la Presidencia Europea no se puede discutir y el «aquí no cabemos todos» puede tener un buen tirón en tiempos de vacas flacas.

Como los tribunales han obligado (faltaría mas) a los munícipes de Vic a corregir su decisión inicial, Rajoy, de visita en Cataluña, propuso el viernes una nueva pirueta para dar servicio a los sin papeles pero volverles más invisibles aún: sanidad y educación pero sin empadronamiento.

Se olvidó seguramente de que la orden de dar de alta en el padrón municipal a todos los residente en un municipio, tuvieran o no los documentos en regla, se instituyó por un Gobierno del Partido Popular del que él formaba parte. Que se hizo para controlar y tener localizados a los sin papeles con vistas a su expulsión cuando fuera posible, razón por la cual una gran mayoría no se dio de alta por miedo.

En la «regularización masiva», como le gusta llamarla al PP, la que hizo el primer Gobierno Zapatero, muchos inmigrantes con años de residencia en España, trabajando sin cotizar a la seguridad Social, no pudieron obtener su regularización porque el documento exigido para demostrar su permanencia en nuestro país era el padrón y no se habían inscrito por miedo.

Se olvidó también Rajoy de que en la Ley de Extranjería existe la posibilidad de obtener el permiso de residencia «por arraigo» que consiste en demostrar que se lleva viviendo tres, o en algunos casos dos años en el mismo municipio, con un informe favorable, un contrato de trabajo no inferior a un año y sin antecedentes penales. Sin padrón no hay arraigo.

El líder del PP quiso templar gaitas en Cataluña, donde su candidata Alicia Sánchez- Camacho había visto en la inmigración un espació para arañar algunos votos ante el previsible batacazo por su oposición al Estatuto. Se ofreció a poner «orden y control» e incluso a proponer iniciativas para poner coto a la llegada de nuevos inmigrantes. En lugar de explicar cuales eran esas iniciativas sacó a relucir viejas recetas ya rechazadas por el resto de los grupos políticos.

Pero olvida Rajoy que el paro está azotando especialmente a los inmigrantes, que se está produciendo un regreso, lento y pequeño, pero regreso. Que el descenso de la llegada de pateras es espectacular. Que el «efecto llamada» era la posibilidad de encontrar trabajo. Que ahora ese no es el problema. Que esto huele que apesta a xenofobia.

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