Antonio Casado – Los residuos, en campaña electoral.


MADRID, 25 (OTR/PRESS)

Como la falsa moneda que de mano en mano va y ninguno se la queda. Pero no es la copla el mejor recurso verbal para tomar conciencia de algo tan serio como el almacenamiento de los residuos nucleares. Ni la copla ni la politización del asunto en la versión menos noble de la política, la que se convierte en mera puja electoral y acaba traficando con la parte más primaria de la gente. En este caso, el miedo histórico a lo nuclear.

Histórico pero a menudo, por no decir siempre, indocumentado. Sin embargo, en vez de informar, divulgar, formar, ilustrar sobre todo lo relacionado con los polémicos ATC (Almacén Temporal Centralizado de Residuos Nucleares), su funcionamiento, la idoneidad de la ubicación, los riesgos, las medidas de seguridad para evitarlos o minimizarlos, las ventajas, las desventajas, etc., lo que hacemos es divertirnos con las contradicciones que el asunto destapa en la clase política.

No sólo en la clase política, como estamento inclinado a aprovechar cualquier oportunidad de hacer el ridículo. También entre gobernantes o dirigentes concretos, individualmente considerados. Tampoco son pocas las contradicciones que salen a relucir ante un asunto que, por ser tan sensible desde el punto de vista electoral, desborda las biografías, los compromisos previos, el sesgo ideológico, etc.

Está ocurriendo con los partidos y con sus dirigentes. Respecto a partidos y dirigentes adversarios, pero también dentro del propio partido y entre compañeros concretos. Véase el choque entre la secretaria general del PP, Maria Dolores de Cospedal, con el vicesecretario general, Javier Arenas. Y el del PP de Castilla-La Mancha con el alcalde de Yebra (Guadalajara), del mismo partido, en relación con la candidatura de este Ayuntamiento al emplazamiento del ATC en concurso público.

Por la izquierda, más de lo mismo. El Gobierno socialista decreta la necesidad del ATC, pero los gobernantes socialistas escurren el bulto. Incluido el ex ministro de Industria, José Montilla, que en 2006 propició y puso en marcha el expediente para buscar un emplazamiento, pero ahora, como presidente de la Generalitat, supedita esa necesidad ineludible a cuestiones de «consenso social» y «equilibrio territorial». En otras palabras, que ATC sí, pero no en Cataluña.

No es distinta esa doctrina, en relación con la candidatura de Ascó (Tarragona), que la de José María Barreda, presidente de Castilla-La Mancha, en relación con la candidatura de Yebra (Guadalajara): ATC, sí, pero no en sus tierras. Tanto Montilla como Barreda dicen que ya tienen nucleares, que ya tienen cubierta su cuota solidaria, que ahora se sacrifiquen otros.

Al fondo, el mercado del voto. En vez de aportar elementos de juicio al debate, para que el voto sea consciente, informado, la clase política ha preferido quedarse en la explotación del incierto y primario temor de los ciudadanos a lo nuclear. Me parece insensato.

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