José Cavero – Nucleares, entre la coherencia y la disciplina.


MADRID, 26 (OTR/PRESS)

No todo lo que está ocurriendo en la controversia del llamado Almacén Temporal de Residuos Nucleares parece responder a las lógicas y coherencias, ni tampoco a las disciplinas que alientan las direcciones de algunos partidos. De entrada, de supone que un partido «entusiasta» de lo nuclear no debiera tener miedo o prevención de ninguna clase ante una propuesta de esa naturaleza. Ni central nuclear ni almacén de residuos. Y por el contrario, un partido receloso y hasta contrario «de antemano» a las nucleares, parece lógico que trate de «evitar ese cáliz» por todos los medios, sin que nadie se lo recuerde, siquiera.

Pero a la argumentación principal se añaden algunas otras. Primera y principal, la disciplina de partido. Ya hemos visto, en esta materia como en la inmigración, que cada pueblo y ayuntamiento pretende ser libre de todo y de todos y actuar por su cuenta, sin otro criterio que el propio. En Vic, como en Torrejón, hemos visto como los partidos y el Gobierno «doblaban el brazo» a los munícipes, y les forzaban a asumir la legalidad vigente. En materia nuclear hay otros entusiasmos al margen de los gustos y aficiones: el dinero que se ofrece a las localidades con centrales o con almacén nuclear es suficientemente atractivo como para que muchos ciudadanos transijan y acepten lo que, de antemano, les repugna. En particular, en momentos cruciales de una crisis severa, con empleo escaso y a menudo mal pagado. Garantizar un dinero permanente y unos centenares de empleos puede llegar a ser un sueño para cualquier alcalde y concejal, por más que desde el partido se lo desaconsejen o le indiquen que esa provincia o esa autonomía ya ha pagado «suficiente impuesto nuclear» y que ha cumplido con crecer en el reparto nacional.

Eso es lo que está sucediendo ahora mismo: los presidentes autonómicos Barrera y Montilla no quieren almacén nuclear en sus correspondientes comunidades, es decir, preferirían que se ubicara en otros términos de la nación española, se supone que lo más alejados posibles. Pero se rompen los esquemas cuando a Dolores de Cospedal le entran los mismos temores cuando un pueblo como Yebra aspira a percibir los dineros del almacén. Parece evidente que, para los intereses nacionales, y mientras existan centrales nucleares, y hospitales con tratamientos con materias «nucleares», es importante disponer de un almacén propio, y no tener que alquilar esa guardia y custodia de los bidones «presuntamente peligrosos» a otras naciones a cambio de un dinero abundante. Pero, llevamos ya muchos años con esa oferta abierta: ¿quién quiere un almacén de residuos nucleares?

Estos días estamos viendo como cuestiones «de piel» alcanzan a los ciudadanos y a sus representantes: ¿usted quiere más inmigrantes? ¿desea usted un almacén nuclear? Y comprobamos que hay argumentos suficientes para acoger inmigrantes y hay argumentos para que el almacén se sitúe en territorio nacional. No es por comparar dos «asuntos explosivos». Pero parece, además, que uno y otro son demostrativos de que se aproximan algunas campañas electorales, y que también los ciudadanos quieren diferenciarse entre sí y distinguirse. Además, ¿por qué no tener oportunidad de definirse, y hasta de votar sobre materias opinables?, se preguntará más de uno. Desde luego, hay argumentos para todos los gustos y en favor de cada una de las posiciones. Y lo que más puede llegar a repugnar es que algún dirigente político pretenda imponer su opinión no se sabe bien en nombre de qué: ¿de una presunta solidaridad nacional ya satisfecha…?

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