Antonio Casado – Zapatero, en Washington.


MADRID, 5 (OTR/PRESS)

Dentro de lo que cabe, el presidente del Gobierno salió muy bien librado de su paso por Washington como estrella invitada del Desayuno de Oración. Me refiero al consumo doméstico, pues en los medios norteamericanos importa más bien poco lo que diga en un acto de este tipo un casi desconocido gobernante de un casi desconocido país.

El morbo habita entre nosotros. Importa, pues, la evaluación nacional del Zapatero laico que tiene la desvergüenza de acudir a un acto eminentemente religioso para darse importancia. En tales coordenadas se presentó desde el principio este viaje entre los adversarios internos del gobernante español, que son multitud y han hecho muchas risas a su costa.

Cuando el presidente del Gobierno se fue a Washington este miércoles, en España quedaron cientos de agujas clavadas en un muñeco de trapo parecido a mister Bean. Y a lo largo de la jornada del jueves en ciertos sectores políticos y mediáticos se compitió por encontrar la forma de ridiculizar el paso de Zapatero por la capital del imperio. Por lo que hiciera o por lo que dijera, aunque se mimetizara con Obama en frases o gestos, a fin de blindarse contra las insidias de la vecindad.

Por suerte no lo hizo. Sobre todo en este arranque tan humano de la intervención del presidente norteamericano: «Doy gracias a Dios todos los días por estar casado con Michelle Obama», justo después de haber dado las gracias a los presentes, «especialmente a mi querido amigo, Zapatero». Imaginen ustedes cómo hubiera sonado ese lance verbal en boca de Zapatero: «Doy gracias a Dios por estar casado con Sonsoles Espinosa», para luego dar las gracias a «mi querido amigo, Obama» ¿Alguien puede hacerse una idea del recorrido que hubiera tenido en España un concurso de chanzas y cuchufletas sobre semejante deposición pública de Rodríguez Zapatero?

Los agitadores de esta despiadada ola de agresividad contra él lo imaginaron con un monigote a la espalda durante su jornada americana del jueves. Conocían las posibilidades encerradas en su agenda de Washington y no querían permitir su aprovechamiento. No lo consiguieron porque Zapatero supo poner a la Biblia por testigo de sus ideas y sólo a un sector del Partido Republicano, el más afín a los enemigos domésticos del presidente del Gobierno, no les pareció bien el sesgo más político que religioso del discurso.

Sin embargo, es muy discutible que la idea central de Zapatero no tenga una estirpe absolutamente religiosa. Cuando declamó por enésima vez aquello de la explotación del hombre por el hombre no nos remitió al Manifiesto Comunista sino a la Biblia. A saber: No explotarás al jornalero pobre y necesitado. No muy diferente del mandamiento cristiano, ama al próximo como a ti mismo, que Zapatero aprendió en la escuela aunque luego aprendiese a decirlo de otro modo. Y aún formulado de modo obtuvo el amén de la concurrencia. La civil y la religiosa.

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