Fernando Jáuregui – ¿Hasta cuándo la sordera de ZP y Rajoy?


MADRID, 12 (OTR/PRESS)

Habló el Rey en Nochebuena -bien es verdad que el mensaje, de tan repetido, deja de causar impacto_ de la necesidad de que nuestras fuerzas políticas se unan para atajar, juntas, la crisis económica que cada día pone a tres o cuatro mil personas más en la calle, sin empleo. Entonces, los grandes partidos, como quien oye llover. Claro que la clase política estaba iniciando sus largas vacaciones navideñas, cual si nada estuviera ocurriendo, y no se la podía molestar con discursos manidos.

Ahora, don Juan Carlos ha vuelto a su cantinela, que por cierto es la que muchos compartimos, según dicen las encuestas y las conversaciones en la calle: hay que hacer un pacto para sacar a España del atolladero. Para que los ciudadanos recuperen la confianza en las soluciones de sus representantes. Para que los españoles asuman como necesario que acaso tengan que pasar por un período de «sudor y lágrimas» y que probablemente las cosas tardarán mucho tiempo en ser aquel paraíso artificial de paella y ladrillos que fue. En suma, para que las personas a las que hemos votado para que se ocupen de solucionar los problemas colectivos puedan contar con el respaldo de todos a la hora de adoptar medidas que podrían ser impopulares.

Claro que todo esto no lo ha dicho el Rey, que se ha limitado a dar un discreto nuevo toque de atención, en el sentido de que hace falta más unidad y menos alfilerazos entre los partidos. Pero tampoco, me temo, ha servido de mucho. Zapatero ya nos dijo, equivocándose gravemente, que un acuerdo sobre economía con el PP era imposible por motivos ideológicos. Rajoy, errando el tiro también, busca todos los pretextos para no llegar a una verdadera aproximación, que sería desde luego coyuntural, con el Gobierno socialista (nadie dice que aquí debe acabar el juego democrático de Gobierno-oposición, sino, simplemente, que lleguen a un pacto para poner en marcha una serie de medidas económicas de aquí a 2011).

Sin embargo, pese a todos los mensajes que se envían desde La Zarzuela y desde la calle, nadie tiende verdaderamente la mano, si exceptuamos a Convergencia i Unió, que una vez más se ha engrandecido desde su relativa pequeñez, ofreciéndose oportunamente (que no es, me parece, oportunismo) a ser el cemento de un gran acuerdo.

Quien primero dé los pasos hacia el acercamiento, con firmeza, credibilidad y voluntad de consenso, habrá ganado las elecciones próximas, no tengan ustedes dudas de ello. Pero, hoy por hoy, esas elecciones las pierden todos. Hace falta volar alto y dejarse de pretextos y partidismos electoralistas. Las encuestas sacrosantas, que, pese a sus ocasionales fracasos, a veces deberían merecernos mucha más atención que los editoriales cambiantes del «Financial Times», califican desastrosamente a la clase política en general. Y algunos diputados aún se permiten ir por los pasillos de las recién abiertas Cortes reprochando a los periodistas que hayan criticado sus oceánicas vacaciones navideñas.

Andan, temo, por la estratosfera de la realidad, culpando al mensajero, hablando de que los ciudadanos están mal informados, de que la opinión pública es una veleta. Buscan pajas en cualquier ojo que no sean los suyos, cegados por la viga. Esta es la verdadera tragedia de España, que es mucho más que una tragedia… griega.

En este orden de cosas, ignoro cómo habrá sentado a la severa ejecutiva federal del PSOE el último «invento» de José María Barreda, presidente de Castilla-La Mancha, ofreciendo un pacto a su principal rival política, Dolores de Cospedal, un «compromiso de gobernabilidad», que es «imprescindible» en tiempos de crisis. Ignoro también el grado de sinceridad de esta oferta, que coincidió en el tiempo -este pasado jueves_ con la llamada del Rey a la unidad de las fuerzas políticas para buscar soluciones conjuntas que cooperen a aliviar la situación económica.

En todo caso, y aun advirtiendo de que será necesario esperar a ver los resultados de esta mano aparentemente tendida, creo que el gesto de Barreda merece, en principio, aplauso. Y que Cospedal, a quien las encuestas dan como posible ganadora en el que fue feudo de José Bono, debería recoger esta mano y dar un ejemplo a sus «mayores», Rajoy y Zapatero, marcando un camino hacia el que los dos «grandes» deberían transitar.

No tengo, la verdad, muchas esperanzas en que cuaje el pacto castellano-manchego, aunque bien vendría por muchas razones, desde las soluciones al tema del agua hasta una toma de posición común acerca de los problemas vinícolas o el fin de la absurda polémica sobre los residuos nucleares. El pacto debería hacerse, lo haya propuesto quien lo haya propuesto y beneficie luego a quien beneficie en las elecciones de mayo de 2005, aún muy lejanas. La primera reacción de Cospedal, sin embargo, no ha sido muy alentadora: «no sirve para frenar la crisis ni el aumento de parados», ha dicho la secretaria general del PP y candidata a la presidencia de la Junta de Castilla-La Mancha.

Lo que no sirve es no hacer nada, seguir en la inercia de la hostilidad. Barreda, es verdad, anda desesperadamente buscando notoriedad, una imagen de independencia respecto del «cuartel general» socialista en Ferraz -a Bono esa táctica le dio muy buen resultado, pero Barreda no es Bono-. Su petición para que Zapatero haga un ajuste de Gobierno profundo y que reduzca el número de ministros, la comparten muchos socialistas, pero ninguno ha osado expresarla en voz lo suficientemente alta. Ahora, el pacto, al que ZP se resiste como gato panza arriba -también Rajoy, esa es la verdad- es, ya digo, más necesario que nunca. Y que se dejen de disculpas aludiendo a discrepancias ideológicas. Como si la falsa ideología les sirviese ahora de algo a los cuatro millones y pico de parados. Y digo falsa porque, si bien se analizan, las propuestas económicas de PP y PSOE tiene no pocas similitudes y bien escasa diferencias.

En fin, que cunda el ejemplo de Barreda. Entre otras cosas, porque para reducir en 50.000 millones de euros el gasto público hará falta el concurso de las autonomías, hoy todas en manos de PP o del PSOE. Sin ese pacto político, no hay nada que hacer. Nada de nada. Y si Fraga pactó con Felipe González y Arzalluz y Pujol con Aznar, ¿por qué diablos no van a pactar Zapatero y Rajoy en este año de fusiones televisivas y financieras que hubieran parecido imposibles hace apenas un año?

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Lo más leído