Rosa Villacastín – El Abanico – La intimidad de la Princesa de Asturias.


MADRID, 18 (OTR/PRESS)

Más que a quién ha concedido una entrevista la Princesa de Asturias, me interesa lo que dice, o lo que dicen de ella sus amigas más íntimas, a las que ha autorizado a hablar a sabiendas de que ninguna le va a traicionar. Lo demás es la típica pataleta por no haber conseguido una exclusiva que todos hubiéramos deseado hacer, por el lógico interés que Doña Letizia despierta entre el público y entre la prensa, que analiza con lupa todos y cada uno de sus movimientos, sus gestos, incluida la ropa que luce o los zapatos que ha puesto de moda. Lo habitual tratándose de una mujer joven, que algún día será reina de España.

Dicho esto lo más interesante del reportaje-entrevista de Vanity Fair es descubrir el día a día de la pareja, cómo se preparan los Príncipes para afrontar su presente y su futuro, con qué tipo de gente trabajan y se ven, con quién salen a cenar o al cine. Y en ese aspecto tengo que reconocer que no me he llevado grandes sorpresas. Es más, diría que su vida fuera de los fastos y de los actos oficiales a los que tienen que asistir por el cargo que ocupan, no difiere mucho de la de cualquier otro matrimonio con posibles. Son muchas las tardes que Letizia se va con sus hijas a casa de alguna de sus amigas, donde meriendan y charlan de lo divino y lo humano, con la tranquilidad que da el saber que nada de lo que diga o haga será empleado en su contra. La mayoría de estas amigas son periodistas a las que conoció durante su época en televisión, con las que también salen en pareja a cenar a restaurantes mejicanos, o al cine, y con las que sigue manteniendo una estrecha relación.

De igual manera la Princesa sigue viendo asiduamente a sus padres, a su hermana, sobrina y abuelos, lo que demuestra que el boato no se le ha subido a la cabeza. No renegar de sus orígenes es sin duda un mérito que habrá que anotar en su haber algún día, cuando se analice con calma su papel en la Familia Real.

Por Vanity Fair sabemos que Letizia está a la orden de lo que ocurre en la calle, que sabe el precio de un kilo de garbanzos, o los malabarismos que hay que hacer para pagar la hipoteca, que aunque no tenga ahora porque vive en un Palacio, la tuvo no hace mucho, cuando era una periodista de base. Todas estas circunstancias que a algunas personas le parecen un demérito de la Princesa es precisamente lo que el Príncipe ha sabido valorar más. ¿Por qué? Porque gracias a la experiencia de Letizia, él ha podido conocer las dificultades que pasan los jóvenes para encontrar una vivienda sin depender de los padres, lo mal pagados que están, lo negro que tienen el futuro y los quebraderos de cabeza de las mujeres para atender todos los frentes, personales y profesionales, sin despeinarse.

A Letizia hay que agradecerle también el profundo cambio que ha experimentado el Príncipe Felipe, a quién el matrimonio parece haber transformado, no solo en el aspecto externo, sino en su forma de comportarse en público, más abierta y receptiva que cuando andaba picoteando por ahí. Ahora no, ahora le preocupan sus hijas, la calidad de la enseñanza que reciben, y el mundo al que tendrá que enfrentarse en un futuro, nada halagüeño por cierto.

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