Fermín Bocos – Bailando con su enemigo.


MADRID, 22 (OTR/PRESS)

Todos hablan ya de un pacto, incluso quienes no creen en él. Hasta hace bien poco, concretamente hasta el 30 de diciembre, el presidente Zapatero aseguraba que no podía pactar con el PP un plan o programa capaz de facilitar una solución para la grave crisis económica que padece España. ¿Por qué? Porque -según dijo en respuesta a una pregunta- se lo impedía su «ideología». Mes y medio después, antes de ayer, en un mitin celebrado en Málaga, el mismo Zapatero conminaba a Mariano Rajoy a pactar: «No le pido que apoye al Gobierno, sino que apoye a Este país. Se lo pido y se lo ofrezco», remató. ¿En qué quedamos? O mejor dicho, ¿con qué Zapatero nos quedamos? ¿Con el que no podía pactar por razones «ideológicas» o con el del domingo en Málaga que parece otro, fruto, tal vez, de la lectura -y del cálculo- de lo que dicen los sondeos acerca del pacto que reclaman la mayoría de los ciudadanos? Tratándose de Zapatero, los dos son válidos. En el mes de diciembre ganaba tiempo, y ahora, planteando exactamente lo contrario, también quiere ganar tiempo. El tiempo en política lo es todo.

Como bien sabe, también, Mariano Rajoy ha pasado de invitar a los diputados socialistas a que repasen las biografías de Tony Blair y de Gordon Brown para ver si les inspiran algo y dan el paso para sustituir a ZP al frente del PSOE a decir que si le llaman de La Moncloa acudirá. De mala gana, pero acudirá; porque, digámoslo todo, también Rajoy quiere ganar tiempo y no está por la labor de sacarle las castañas del fuego a un Zapatero que, si la cosa saliera medio bien, se apresuraría a apuntarse el tanto apuñalando a quienes le presten ahora un caballo para cruzar el río desbordado en el que está atrapado. Mala pinta y peor futuro promete eso del pacto, por otra parte tan necesario. España, sigue siendo diferente.

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