Andrés Aberasturi – La tormenta perfecta.


MADRID, 26 (OTR/PRESS)

Y ahora, la «tormenta perfecta». Si es que no terminamos de salir de una y nos metemos en otra. ¿Pero no iba a ser lo de la tormenta perfecta el titular para el pacto-no-pacto económico? Pues ya no, porque la tormenta perfecta, sin metáforas, se cierne sobre nosotros y hasta la vicepresidenta de la Vega ha pedido tranquilidad frente a lo que se avecina. A mí estas cosas me acojonan bastante porque, quieras que no, a ZP/Rajoy siempre les quedarán las urnas y aun antes de las urnas, las palabras; pero ponte tu a dialogar con la tormenta perfecta, ese desbarajuste absoluto que tan bien explican los meteorólogos. No sabemos la teoría, pero cuando empiece la cosa, lo mejor es rezar un trisagio y encomendarse a Santa Bárbara por muy laico que sea uno.

Y mira que nos acostumbramos fácil a las tormentas; tenemos las isobaras descontroladas en lo económico, en lo político, en lo judicial y hasta en la prensa de corazón, que uno ya no sabe si preocupa más lo tres líos de Garzón o los de esa otra trinidad que parece una película italiana: la tonadillera, el ex alcalde y su ex señora. Y todo así. Aquí escampa un momento y aparece el académico -y a pesar de todo amigo- Pérez Reverte asegurando en «El Cultural» que «España es un país inculto, gozosamente inculto, es un país deliberadamente inculto, que disfruta siendo inculto*» y todo esto para explicar otra frase lapidaria: «aquí todos hemos sido igual de hijos de puta, todos». Pues si que viene la cosa fina.

Pero es lo que hay, la guarnición perfecta para acompañar a la «tormenta perfecta» cuyo origen no está precisamente en los nefastos pronósticos de Bruselas sobre la negativa incidencia de la subida del IVA en España que, «con todos los respetos», ya se ha encargado de desmentir la vicepresidenta segunda Salgado, que, por cierto, es muy amiga desde hace muchos años de la otra vicepresidenta, la primera, según confesó esta última tras el Consejo de Ministros. Menos mal que al menos alguien está en paz con alguien en este país por mucho que luego se puntualicen sobre la congelación -o no- de los sueldos de los funcionarios.

Lo que terminará congelándose o saltando por los aires por culpa de la tormenta perfecta es la cosa del pacto. Miren ustedes: aquí no habrá pacto por la sencilla razón de que no lo quieren ni el Gobierno ni el PP. Es posible que el triunvirato llegue a acuerdos puntuales con algún grupo minoritario, pero eso no es un pacto sino otra cosa, una componenda, para la derecha, o un acuerdo puntual, para quien firme con el Gobierno; el único pacto serio, importante y que podría tener trascendencia es el de los dos grandes partidos y todo lo que no pase por ellos pues, sencillamente, tienes escasas posibilidades de futuro. Y como unos no quieren y los otros no lo ven claro, se levantará la mesa con más pena que gloria y se echarán las culpas mutuamente como siempre. Mientras tanto habremos perdido todos lo único que no podemos perder en esta situación: el tiempo.

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