Charo Zarzalejos – Cuestión de perseverar.


MADRID, 4 (OTR/PRESS)

En medio de algunos desastres y desasosiegos surgen buenas, muy buenas, noticias para todos los ciudadanos y para la democracia misma. La más que eficaz labor policial en la lucha contra ETA es digna de todo encomio y merecedora del máximo apoyo. Con cada presunto terrorista detenido se gana un espacio de libertad, sobre todo aquellos que viven en el ojo del huracán y que durante toda su vida han sentido el aliento de ETA en su nuca.

No cabe duda que la estrategia del Gobierno ha dado un giro de ciento ochenta grados y, como ha ocurrido a Gobiernos anteriores, se quedó, nos quedamos, con las ganas de ver cómo se acababa con el terrorismo a través de un proceso de diálogo. Durante aquellos tiempos se cometieron errores graves de apreciación, pero errores y aciertos fueron resueltos por las urnas y aquello pertenece al pasado. Este pasado, y todos los pasados anteriores, han concluido en el actual presente, que es el más duro que nunca antes ha vivido la organización terrorista. Y lo vive una vez que ha despreciado todas las oportunidades que le ha dado la democracia, y la democracia se ha hartado y ha dicho que hasta aquí hemos llegado.

Todavía ni se puede ni se debe hablar de triunfo. De lo que sí se puede hablar es de la perseverancia en la que se ha instalado el ministro de Interior a la hora de afrontar la lucha contra ETA. Esta perseverancia en la persecución y, sobre todo, en el discurso, haciéndoles ver a los terroristas que pierdan toda esperanza, que nada van a ganar por matar o dejar de hacerlo y que los tiempos de diálogo se han acabado, es algo que contribuye de manera decisiva a crear el ambiente de desaliento que anida en la organización terrorista.

La certeza de esta perseverancia es una estupenda noticia, que se convierte en excelente cuando va seguida de una contundente eficacia policial. Si alguien sabe mejor que nadie que ETA, aunque mate o secuestre, está acabada es precisamente la izquierda abertzale, esa izquierda que cada determinado número de años se envuelve en profundos debates de los que nunca se extrae la única conclusión interesante, que no es otra que su condena, su alejamiento de la organización terrorista. Sin embargo, esta izquierda abertzale está dando signos claros de hartazgo de ETA, de ahí que con toda probabilidad también ellos se alegren de tanta detención. Saben que ETA les impide hacer política, pero les falta el coraje necesario para separarse de manera radical de los terroristas. Es la acción policial, la ausencia de expectativas de cualquier triunfo político, lo que está llevando a que a ETA se le esté separando y apartando poco a poco de la cotidianidad de la vida española y sobre todo vasca.

No hay que cantar victoria. Cuando el ministro de Interior y el consejero vasco sostienen que ETA no ha abandonado la idea de un secuestro no es una milonga. Saben perfectamente de lo que hablan. Por ello, al mismo tiempo que hay que poner en valor la excelente labor policial, llevada a cabo asumiendo más riesgos de los que muchos imaginan, hay que mantener la prudencia y, sobre todo, no cansarse de la perseverancia, aunque el día menos pensado logren hacernos daño. En cuanto los terroristas concluyan que el Estado, el Gobierno, la democracia y el conjunto de los españoles somos tan perseverantes en no darles tregua como ellos en hacernos daño, habremos dado un paso de gigantes. Poco a poco se van enterando y eso está muy bien.

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