Consuelo Sánchez-Vicente – El desconcierto.


MADRID, 10 (OTR/PRESS)

Unas palabras sensatas como las del ministro de Trabajo sobre la conveniencia de hacer planes de pensiones privados no deberían hacer cundir la alarma sino la tranquilidad. Es absolutamente natural que quien pueda permitírselo mejore invirtiendo ahora un dinero su futuro salario de jubilado. No todos somos diputados o gobernantes con derecho a cobrar la pensión máxima por unos pocos años de trabajo. Lo que ha dicho el ministro Celestino Corbacho no es que el sistema público de pensiones esté en peligro, que no lo está, esto hay que repetirlo todas las veces que se pueda para aguarles la fiesta a quienes jugar no se sabe a qué asustando a los viejecitos. Las reformas que diversos organismos públicos y las más variadas entidades privadas están proponiendo acometer ahora, como alargar la edad legal de jubilación o ampliar la base de cálculo de la misma a toda la vida laboral, no son para garantizar las pensiones actuales, las que se están cobrando ahora, sino para evitar que la dinámica «mayor esperanza de vida menor natalidad» en la que estamos inmersos los españoles ponga en peligro las pensiones de dentro de veinte o treinta años; o sea, reformas «preventivas». Hay que adoptarlas ahora, eso es todo, y que entren ahora en vigor para que surtan su efecto, esto no es como el inglesé sin esfuerzo ni el adelgazar sin dejar de comer. Hay que sembrar hoy para recoger mañana

Dicho lo cual, ¿por qué hay una corriente general de opinión que interpreta que las palabras de Corbacho admitiendo que él tiene un plan de pensiones y aconsejándolo, pueden generar incertidumbre e inquietud entre los ciudadanos sobre el futuro de las pensiones públicas? En mi opinión, porque caen sobre el terreno abonado de la pérdida de credibilidad del Gobierno y de su presidente. No es el ministro quien alarma, esa alarma es consecuencia directa de la caída de la confianza de muchos españoles en este presidente y su Gobierno. Causa de la causa del mal causado, para mí, la política de paso adelante, paso atrás, globo sonda y desconcierto de la que se vale el presiente para otear por donde sopla viento de las encuestas cuando la realidad le obliga a entrar en algún tema peliagudo o simplemente impopular, como sin duda lo es alargar por ley la edad de jubilación. Hay mil formas de hacerlo bien, y así lo han hecho los países de nuestro en torno, los más importantes de ellos ya han abordado o están abordando el reto del envejecimiento de la curva de población con lo que en nuestro país falta: seriedad. Es muy triste decir esto del propio gobierno, que no es serio, pero cuando lo merece hay que decirlo, y confiar en que reaccionen a tiempo. Están jugando con cosas tan serias como el miedo y la tranquilidad de nuestros mayores, la pensión, la de hoy y la del mañana. Y no hay derecho.

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