Andrés Aberasturi – El triángulo opresor.


MADRID, 12 (OTR/PRESS)

Tiempo hay -poco, pero aun queda- para afrontar la crisis en toda su profundidad, para reunirse en palacios o en el Congreso, para pactar grandes cambios en la economía o salidas airosas de este trance que nos ocupa. Pero al margen de esas grandes decisiones, hay una especie de triángulo maldito que encierra y ahoga a los que de verdad generan empleo y riqueza en España: las pymes y los autónomos. La pregunta que cabría hacerse ahora es quién se opone a romper esos tres barrotes asfixiantes o si para decidirse a hacerlo se necesita consenso o sólo la decisión del Gobierno.

Me refiero a la morosidad a la hora de pagar, a la absurda y abusiva medida de ingresar un IVA que aun no se ha cobrado -y hasta es posible que no se cobre- y a que se hagan verdad lo que hoy sólo son spots de publicidad de los bancos: que el crédito llegue a autónomos y pequeñas y medianas empresas antes del derrumbamiento.

Si la morosidad de los particulares es verdaderamente catastrófica, la de las administraciones resulta incomprensible, inadmisible y además inmoral. Muchísimas pymes y autónomos trabajan en España para las administraciones de forma directa o indirecta y el retraso espectacular en los pagos de ayuntamientos, diputaciones, comunidades etc. genera una suerte de caída en dominó que antes lograba salvarse mal que bien gracias al segundo barrote del triangulo: las líneas de crédito de bancos y cajas.

Pero aquello se acabó si no definitivamente y en su totalidad, si en una gran parte. Cajas y bancos han cerrado esa salida que era el único respiro para los pequeños y que había funcionado sin demasiados problemas porque se sabe que las administraciones no van a quebrar y que tarde o temprano ingresarían lo adelantado. Pero llegó la crisis y con ella se cerraron de golpe -algunas veces atropellando la legalidad- esas líneas de crédito que eran las que, además, permitía a pymes y autónomos cumplir con una obligación que si siempre fue absurda, ahora resulta dramática y letal: adelantar un IVA al Estado que realmente no se ha cobrado y que ni se sabe si se cobrará o no. Si a esto le añadimos la próxima y muy discutible subida de este impuesto, el panorama puede ser desolador. (Lo de pagar el IVA antes de cobrar la factura, es uno de esos absurdos que nunca entenderé y que siempre me han parecido un abuso de poder digno de ser estudiado por el Tribunal Constitucional; eso y la tiránica obligación de todo empresario de «afiliarse» y pagar a la Cámara de Comercio sí o sí; pero esa es otra historia)

De los tres barrotes de este triángulo se ha hablado un millón de veces; todos los partidos lo han planteado y todos parecen estar de acuerdo en que su solución es urgente. ¿Qué o quién frena que estas cosas se arreglen ya? Imagino que habrá razones, pero sería bueno que las supiéramos todos. Y lo que sería aun mejor es que de la misma forma que hay decretazos para los controladores aéreos, el Gobierno hiciera lo mismo en este tema. Pero ya, sin esperar a mesas ni pactos. Solucionar al menos dos de estos problemas (el IVA y la morosidad) está en sus manos y en el BOE y el tercer barrote podría estar en el ICO y/o en presionar seriamente a bancos, y sobre todo a cajas, para que hagan verdad lo que hoy solo venden como reclamo publicitario que nadie cree.

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