Rafael Martínez-Simancas – Sin etiqueta – Hablemos del Sincrotrón.


MADRID, 23 (OTR/PRESS)

Emocionado pero cauto, prudente pero feliz, meditabundo, peripatético, ensimismado (algo profesor Bacterio también) caminaba nuestro presidente del Gobierno junto a la sala de máquinas del Sincrotrón Alba, el mayor acelerador de partículas que existe en España, incluso podríamos decir que el mejor, puesto que sólo hay uno. Zapatero estaba en su salsa junto a una amalgama de cables y tubos que conceden al Sincrotón la misma estampa que tenían aquellos grandes inventos del TBO, unas máquinas de complejas poleas y múltiples rodamientos que al final servían para dar un huevo duro, cuestión que se consigue con un simple cacharro de cocina cubierto de la oportuna cantidad de agua hirviendo en un tiempo prudencial. Eso sí, la belleza y el surrealismo de los inventos del TBO no se quedan atrás comparados con el Sincrotrón.

Sucede que la mayor parte de los contribuyentes no tienen una alta cultura en Física Cuántica y por eso nos preguntamos ¿Para qué sirve ese cacharro, además de para que Eduardo Punset haga una entradilla de su programa acodado en el artefacto?, ¿Hacía falta en este momento?, ¿Gracias al Sincrotrón se reducirá el gasto del Estado, de las autonomías, impedirá la subida del IVA, o mejorará nuestras condiciones sanitarias? Si esto fuera así entonces poco habría sido el gasto en la inversión; hasta podríamos preguntarnos cómo hemos podido vivir todos estos años en democracia sin el Sincrotón. Otros dirán que es una manera de invertir en tecnología que, además, satisface a Montilla que mantiene con el presidente del Gobierno una relación tan afectuosa como la de cualquier otra pareja. (Y el símil no es mío sino de Montilla). Habrá quién diga que el Sincrotrón es el PER de Cataluña.

Ajenos todavía a las ventajas que supondrá para nuestras vidas la aparición de esta compleja maquinaria al servicio de la Física no nos podemos hacer una idea de cómo mejorará nuestro futuro. La cuestión es hacer que los átomos giren a toda velocidad dándose cabezazos en un túnel, y de ahí se extraen las mayores consecuencias posibles para la humanidad. Visto con ojos de un amateur parece que el Gobierno apueste por entrenar átomos de carreras, y de ahí a la competición internacional un paso. Menuda cara de envidia se le ha tenido que quedar a Obama.

Para los cinéfilos tiene algo de «la puerta del cielo», una start gate que nos conectara con otra dimensión. En ese caso el elegido para cruzarla sería Zapatero que emularía a Elías, aquel que se marchó en un carro de fuego. Rápidamente, Blanco y Bono tapiarían la puerta para que no volviera. Visto desde todos los ángulos posibles con el Sincrotrón todo son ventajas.

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