Carlos Carnicero – Los riesgos de defender a Garzón.


MADRID, 8 (OTR/PRESS)

Probablemente haya pocas o ninguna compañía menos recomendable que las de las asociaciones o personas jurídicas que se han querellado contra el magistrado Baltasar Garzón por el procedimiento que abrió contra los crímenes de la dictadura franquista. Y, en paralelo, pocas causas más apetecibles para un demócrata que embestir contra la memoria del franquismo y acelerar el reconocimiento de las víctimas.

Pero ni la siniestra personalidad de los querellantes ni los aparentemente nobles fines del magistrado certifican su acierto ni puede exculpar de responsabilidad penal si el magistrado dictó resoluciones que no podía tomar, porque no eran de su competencia, a sabiendas de lo que estaba haciendo. Eso es prevaricar. Sea para bendecir un santo o para llevarse la limosna.

Garzón tiene detractores furibundos y defensores incondicionales. Los primeros lo quieren destruir por cualquier procedimiento. Y los segundos están dispuestos a perdonarle todo en aras de una supuesta bonhomía del juez y de un historial también supuestamente cargado de heroicidades, lo que según quienes lo defienden debiera exculpar los fallos que hubiera cometido y situarle al margen de sus propias responsabilidades. Todo es un análisis falso, pasional, antidemocrático y al margen del rigor y las garantías del estado de derecho.

Convendría hacer algunas reflexiones.

Primera, en un estado democrático y de derecho, nadie, incluido Baltasar Garzón, está por encima de la ley. Segundo, las más siniestras y oscuras asociaciones legales, mientras gocen de los derechos constitucionales, están legitimadas para interponer los recursos jurídicos que estimen convenientes de acuerdo con la ley. Tercero, ni la personalidad de los querellantes ni los méritos del querellado pueden torcer un procedimiento que tiene que estar sujeto al dictado de la ley. Y, por último, quienes día a día, por defender al magistrado, denigran al Tribunal Supremo y al sistema judicial, tienen que demostrar sus acusaciones y tener en cuenta que se volverán contra ellos cuando quieran que otros respeten unas instituciones que están triturando.

Una sociedad democrática no necesita hombres providenciales; considerar que son beneficiosos no es sino una debilidad del sistema o un interés no manifestado, porque esa providencialidad es la misma de quienes quieren vulnerar la ley para defender causas independientemente de la nobleza de las mismas. Democracia es normalidad, trabajo acorde con el estado de derecho y humildad para asumir la responsabilidad por las propias decisiones, sean de la ideología que sean quienes las solicitan. Y sólo la justicia determinará si Garzón es inocente o culpable.

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