Consuelo Sánchez-Vicente – No es libertad de expresión.


MADRID, 14 (OTR/PRESS)

Es muy difícil de entender hasta donde están llevando algunos la defensa del juez Garzón: mejor dicho, de su opinión sobre el juez Garzón. La descalificación a la que están sometiendo el Tribunal Supremo solo me parece equiparable en brutalidad a la presión que tratan de ejercer sobre él, y que, coincido con Rajoy: son totalmente antidemocráticas. A menudo tenemos que volver en nuestro apasionado país sobre lo que es y no es la libertad de expresión, y en esta ocasión me parece que de nuevo hay que abundar en que los excesos y las desmesuras a favor o en contra y vengan de donde vengan, no lo son.

Fascista el Tribunal Supremo, torturadores sus miembros, todos al mismo saco, así, «matizando» señor ex Fiscal anticorrupción Villarejo* ¡Qué disparate y más en un hombre de leyes por muy jubilado que esté! Y que tragedia que además haya quien se le jalee, no uno ni dos, y en una Universidad. Porque peor, para mí, o igual de mal al menos, fue que la ilustre concurrencia aplaudiese enardecida semejante desbarre. A una persona en un momento de excitación ante un auditorio entregado se le puede «ir la olla», que es lo que yo creo que pudo ocurrirle a Villarejo. Pero ¿aplaudir los desbarres?. Pues le aplaudieron, y no fue la inocente chavalería universitaria sino gente con conchas como galápagos en el corazón (y en muchos casos, además, con sueldo público, del que pagamos todos los españoles; como los secretarios generales de UGT y CCOO, el secretario de Estado Zarrias, algún concejal, diputado, embajador, o el que puso la sala, el rector de la Universidad Complutense).

Como ha dicho el Tribunal Supremo, que preocupante es que haya actos así, en los que se machaca al más alto Tribunal del Estado con carácter preventivo, por si acaso se le ocurre empapelar por prevaricación a un señor, Garzón en este caso. ¿Quién sería el próximo si la presión surtiese efecto? Porque, culminada la presión, échales un galgo a la independencia judicial y a la igualdad de los ciudadanos ante la ley, o sea a la democracia. Si tienes quien presione por ti, te bautizas, y si no, Dios te ampare* Como también dice en su nota el Tribunal Supremo, ¡que tristeza! Por concluir: si yo pensase que una presión así, tan burda, podía torcerle el pulso hacia la injusticia al más alto Tribunal de nuestro país, empezaría a vender mis cosas y a buscar un lugar donde exilarme. En huir (no es la primera vez, no crean, y siempre que pienso en esto, ¿saben en qué país pienso?, en Portugal, poblado por la gente más educada y respetuosa que conozco, y tan demócratas como el que más sin necesidad de alzar la voz, tu)

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído