Fernando Jáuregui – Y ahora se abre la carpeta republicana…


MADRID, 14 (OTR/PRESS)

He visto pocos 14 de abril más conmocionados que este de ayer en, al menos, las dos últimas décadas. Estamos en plena vuelta a la crispación, que creíamos haber superado en esta Legislatura. Y en este contexto hubo quienes, sin más, abrieron la carpeta de la forma del Estado. Precisamente en un día, el de ayer, en el que las deliberaciones sobre el Estatut catalán podrían haber acelerado -finalmente_ una sentencia por parte del Tribunal Constitucional, institución que es una columna vertebral del sistema y que está ahora puesta en la picota. Un día en el que, además, ocurrían otros procesos más o menos subterráneos, todos ellos, a mi juicio, preocupantes.

Hay muchos datos que abonan la escasa conveniencia de andar trasteando, precisamente ahora, con los pilares institucionales. Sobre todo en un país, como España, que no se define ni como monárquico ni como republicano y en el que este debate está aplazado como por consenso general. Y es que para dar saltos en el vacío hay que estar seguros de que las instituciones, el entramado social y hasta la opinión pública funcionan mejor y de manera más unívoca de lo que lo hacen aquí y ahora.

Considerar casi cómplices del regreso al fascismo a algunos magistrados del Tribunal Supremo es, sin duda, uno de esos excesos que nos hacen preguntarnos si estamos transitando por el buen camino. Tengo a la vista, por ejemplo, las crónicas sobre un acto de apoyo a un juez, mediático como nadie, Baltasar Garzón, celebrada el martes en la Universidad madrileña, en la que se cometieron algunos excesos verbales en este sentido -nada menos que por un ex fiscal anticorrupción y tío de la ministra de Sanidad, por el rector de la Complutense y por los líderes sindicalistas, entre otros–. Un acontecimiento que, convenientemente atizado, ha servido para provocar las alarmas de una derecha aparentemente dispuesta a volver a la crispación que caracterizó la anterior Legislatura y que confiábamos en que había sido superada.

Espero que nadie crea que estoy culpando a uno u otro sectores políticos de atizar en exclusiva una crispación de la que todos son –¿o somos?_ culpables. Porque hay más: desde algunos medios se inventan carpetas de corrupción -pienso en las presuntas difamaciones contra José Bono– para tapar el escándalo de otra corrupción de signo distinto. El principal partido de la oposición acusa a la policía de inventar sumarios, a los jueces se les echan encima -todos_ para atacarlos ante el mal funcionamiento de la sociedad, provocando una angustiada y preocupadísima nota del Consejo del Poder Judicial…

En suma, estamos acentuando los males de las dos españas. Todo ello, en un marco de preocupación económica mucho más honda de lo que trasciende de las declaraciones oficiales de Zapatero y su equipo, parte del cual se muestra desnortado. Sin ir más lejos, y por poner el caso más reciente, ahora ante la incomprensión generalizada suscitada por el borrador de la reforma laboral, otra piedra angular del sistema bajo sospecha.

Ya digo: no parece precisamente el momento de abrir la carpeta de la popularidad de la Monarquía o los pretendidos avances de las tesis republicanas, que es, sin duda, un apartado que habrá que tratar en su momento con la prudencia y la calma debidas. Pero ayer, en las influyentes tertulias radiofónicas, sonaban tambores extraños y la preocupación de comentaristas y tertulianos era patente.

Ni quiero, ni debo, ni, posiblemente, estaría justificado, hacer alarmismos artificiales, aunque mucho de eso hemos escuchado en las últimas horas, con tintes sin duda interesados y exagerados; pero hacen falta voces que, desde el Gobierno, desde la oposición, desde los demás partidos, incluso desde los medios de comunicación, pongan una nota de moderación y sensatez en un clima que, a este paso, acabará yéndosenos de las manos.

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