Consuelo Sánchez Vicente – Gente militar


MADRID, 18 (OTR/PRESS)

Siempre que muere algún soldado español en misión de paz es obligado repetir los gritos de ritual, que han muerto en acto de servicio, su entrega a su misión, lo generoso de una ofrenda incomprensible si no es desde la vocación de servir y que no hay dinero que pueda pagar… A quienes no tengan la suerte de contar entre su familia o sus amigos con algún militar puede que le suenen vacíos, que están de más. Quienes les conocemos de cerca, sin embargo, sabemos que hay que repetirlos siempre, para honrarles con las palabras y las convicciones en las que ellos se reconocen. Porque siempre lo merecen

Esta vez no parece que haya sido la falta de medios la responsable de la desgracia que ha segado la vida de nuestros cuatro soldados de Haití, los cuatro últimos de los 160 compatriotas de uniforme muertos en alguna de las misiones internacionales de paz o de guerra no admitida en las que participa España. Los accidentes existen, simplemente. Nadie estamos libres de sufrir uno de ellos. En esa dirección, la dirección de un desafortunado accidente, apuntan todos los datos conocidos hasta ahora. Pero la fatalidad ha querido que los cuatro soldados muertos estuvieran a punto de regresar una vez concluida con honra la misión que les llevó allí, y eso añade mayor dramatismo a la pérdida para sus dos familias, la de sangre y la familia militar

La tercera familia somos nosotros, sus compatriotas. Los españoles nos mostramos mayoritariamente orgullosos en todas las encuestas de la labor de nuestras tropas. Y está bien que ellos lo sepan, está bien que se lo digamos aunque no sea más que el par de veces al año que está instituido oficialmente de honrarlas, y cada vez que una de estas tragedias viste de luto a unas familias españolas y a la bandera de España. Si la nube de ese volcán islandés de nombre impronunciable que ha cerrado los cielos de Europa no lo impiden, hoy se oficiarán los funerales de corpore insepulto por los cuatro últimos militares muertos en Haití, tras repatriar sus restos a España.

La sensibilidad que con cada uno de nuestros soldados muertos, en cada uno de estos casos, viene demostrando la ministra de Defensa Carme Chacón desde que accedió al cargo – este subirse a un avión y volar allá donde se haya producido la tragedia para acompañarles en su último viaje, de regreso a la Patria – me parece encomiable, algo que sin duda las familias agradecen y que ningún otro ministro de Defensa ha hecho nunca. Y esto, creo que también hay que decirlo.

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