F. Jáuregui – La semana política que empieza – Pero, ¿cuánto tiempo seguiremos hablando de Garzón?


MADRID, 18 (OTR/PRESS)

He pasado el fin de semana atendiendo a unos familiares extranjeros que, a duras penas, gracias a la nube volcánica que ha paralizado Europa, llegaron de París, hasta donde habían viajado desde Vietnam. Me piden que les explique la situación política española, de la que llevan más de tres años alejados. Trato de explicarles lo ocurrido con el Tribunal Constitucional y el Estatut de Catalunya, y percibo su pasmo; no lo entienden. Ellos abandonaron España cuando el primero de los recursos de inconstitucionalidad acababa de ser presentado, y no les cabe en la cabeza que la incertidumbre siga, cuando ya las disposiciones estatutarias llevan años aplicándose.

Pero el asombro de mis parientes crece mucho más, desde luego, cuando les anuncio que, esta semana, los jueces podrían decidir si se inhabilita a Baltasar Garzón. Y me detengo en la batalla que las comparecencias judiciales del «magistrado-estrella» han suscitado entre la derecha y la izquierda, incluyendo la resurrección de las fantasmas del franquismo y de las dos españas.

Uno de mis interlocutores, bastante joven aún, antaño conectado con el mundo de la información, me hace una pregunta que me desconcierta: «pero ¿cuánto tiempo más seguiremos hablando de Garzón?», me pregunta.

No sé qué responderle. Llevamos veinte años discutiendo sobre la esencia de Baltasar Garzón, sobre si es un héroe para unos o un villano para otros, o un villano para los primeros y un héroe para los segundos, según la época. De manera que concluyo que, como ellos reconocen que les ocurre, tengo el ánimo dividido sobre el «superjuez»; me decepcionó incluso a niveles personales cuando, hace años, creí en él y traqté de colaborar con él en su lucha contra la droga.

Sin embargo, también es cierto que ha afrontado con valor procesos ante los que otros recularon. Pienso que es un mal instructor, pero no un prevaricador y, en todo caso, ¿quién puede demostrar que un juez ha actuado con mala fe prevaricadora? No serán, desde luego, ni la Falange ni el sedicente sindicato que, al amparo de unas normas procesales cuestionables, han logrado procesarlo.

Así que, con todo el arquitrabe judicial español en tela -nunca mejor dicho_de juicio, sospecho, concluyo diciéndoles, que de Garzón aún vamos a hablar bastante. Se ha convertido en el pretexto -diga usted, si quiere, en la víctima propiciatoria– para discutir algo que en España parece eterno: el mal funcionamiento de las instituciones, el deficiente ensamblaje entre los poderes que asientan una democracia. Las dos concepciones de lo que debe ser este país nuestro.

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