Fernando Jáuregui – No te va a gustar – Lo que le faltaba a la presidencia española de la UE.


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

Sí, la nube del volcán islandés de nombre ab-so-lu-ta-men-te impronunciable era lo que le faltaba a la escuálida presidencia española de la Unión Europea en su recta final. España ha tenido que poner en marcha las instituciones del Tratado de Lisboa, con un presidente, Van Rompuy, muy celoso de «sus» prerrogativas y de «sus» protocolos; ha tenido que afrontar la crisis interna que supuso, y está suponiendo, el hundimiento financiero de Grecia, con las consiguientes amenazas para la pervivencia del euro. Y, ahora, el colapso del tráfico aéreo, un colapso como jamás se había conocido, que amenaza con dar la puntilla a las maltrechas economías del Viejo Continente.

Euroviajes cancelados, reuniones suspendidas, aplazadas o muy retrasadas, caos en las agendas, trabajos que no llegarán a hacerse…y los recelos ante el temor a que la situación se alargue, que derivan en nuevas anulaciones y cancelaciones. Ese es el panorama que ha tenido que afrontar la presidencia española en los últimos días; el ministro de Fomento, José Blanco, en un arranque de temperamento, ha ofrecido los aeropuertos españoles como sede europea desde la que despegar y aterrizar. Pero ni eso es bastante ni, posiblemente, los aeropuertos españoles, que están funcionando razonablemente bien, tengan capacidad para tanto.

El caso es que el lío ha hecho olvidar los planes, que incluían acciones imaginativas y de imagen, de los organizadores de la presidencia europea. No les culpo a ellos del bajo perfil que ha adquirido esta presidencia, como no se les puede culpar de que no venga Obama, o de que algunos presidente latinoamericanos hayan declinado acudir a la «cumbre» UE-Iberoamérica de mediados de mayo, que se ha convertido en la «estrella» de este semestre presidencial, a falta de otra cosa de mayor relumbrón.

Lo peor es que el euroentusiasmo de los españoles ha brillado por su ausencia en este período. ¿Cómo iba a brillar con tanto escándalo interno? ¿Cómo suscitar este entusiasmo por la UE cuando ni siquiera los eurócratas son capaces de imaginar programas de participación ciudadana, y todo queda en agasajos a las autoridades de turno?

Nunca he sido un convencido de las bondades absolutas de esta Europa tan ampliada. Ahora, este Viejo Continente, asediado por su propia burocracia, asfixiado por sus conformismos, se enfrenta a la necesidad de renovarse por completo o morir de éxito. Y temo que este último es el camino elegido; véase, si no, cómo ha transcurrido este semestre, pese a los esfuerzos loables y meritorios de tantos funcionarios.

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