Francisco Muro de Iscar – El pacto (imposible) de Gabilondo.


MADRID, 22 (OTR/PRESS)

El ministro Gabilondo presentó ayer su plan para renovar la educación española. En realidad es un documento para el pacto educativo con la oposición, fundamentalmente el PP, porque si éste no firma ni hay pacto real ni es posible hablar de estabilidad educativa, de que las leyes educativas no cambien cuando cambia el partido en el Gobierno. Pero es también una propuesta de pacto con las autonomías, porque, con todas las competencias transferidas, el Ministerio de Educación no tiene ningún poder real y las pocas competencias que tiene, como por ejemplo la Alta Inspección, son tan «bajas» que ni se ejercen. En tercer lugar, debería ser un pacto con la comunidad educativa: padres -titulares del derecho a la educación de sus hijos- y profesores -los que prestan algo que es mucho más que un servicio y que han sido despojados de la autoridad- y, si me apuran los alumnos. Para que este pacto fuera eficaz, debería incluir también a las empresas, a las Universidades y al mundo de la investigación, porque sin su compromiso tampoco es posible hablar de una sociedad distinta desde una educación que promueve un cambio real.

Dicho eso, el documento es interesante y aporta cosas muy positivas para el cambio. Tal vez es el proyecto menos ideológico de todos los Gobiernos socialistas. Y como de aquellos polvos -La LODE, la LOGSE- vienen estos lodos – el fracaso escolar, la pérdida de autoridad de los profesores, la guerra de ideologías, la Educación para la Ciudadanía, etc.-, hay que aplaudirlo. No es, aparentemente ambicioso. Fíjense ustedes que entre sus grandes aspiraciones, tal vez la más importante, está «que los poderes públicos deberán poner todos los medios para que, al finalizar la educación secundaria, todo el alumnado comprenda y se exprese con corrección, oralmente y por escrito, en la lengua castellana, y si la hubiera, en la lengua cooficial de la comunidad autónoma». No me preocupa tanto que aprendan castellano sino que los alumnos salgan de la educación secundaria comprendiendo y expresándose correctamente, que ya sería un avance importante. Ojalá consiguieran también que «todos los estudiantes finalicen la educación obligatoria con los conocimientos, competencias básicas y valores necesarios para su desarrollo personal y profesional y para su continuidad en estudios posteriores en el marco de la formación y el aprendizaje a lo largo de toda la vida». ¿Dónde hay que firmar?

Lo difícil es pasar de las palabras a los hechos y el papel lo aguanta todo, pero mi desconfianza no viene de ahora, sino de hace tiempo y es múltiple. Creo que Gabilondo desea sinceramente el pacto. Creo que la comunidad educativa, pese a sus grandes diferencias, sería capaz de firmarlo. Dudo que el PSOE y el PP lo quieran firmar. Y me temo que muchas comunidades autónomas no están dispuestas a ceder ni un ápice de sus competencias, ni siquiera a cambio de una mejor educación. ¿Serán capaces de discutir, razonar, ceder, ofrecer alternativas y firmar el pacto? Ojalá me equivoque pero unos y otros piensan más en los réditos al partido que en lo que ganarían los estudiantes, sus padres y toda la sociedad. Ellos piensan en el corto plazo de unas elecciones. Lo otro, no les afecta.

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