Esther Esteban – El Señor de los Anillos.


MADRID, 23 (OTR/PRESS)

El Señor de los Anillos ha sido despedido como se merecía y aunque siempre que alguien muere tendemos a endulzar su biografía, la suya no necesita ningún acto de generosidad, ni un boato impostado que añadir a su currículum. De él se ha dicho que, desde el 17 de julio de 1920 –fecha de su nacimiento– hasta el miércoles 21 de abril de 2010 –día en que falleció–, la sucesión de cargos y actividades que ha realizado en su dilatada vida los ha afrontado con inteligencia y dignidad, lo cual no es decir poco en la trayectoria vital de alguien importante.

Juan Antonio Samaranch ha tenido una habilidad innata para estar implicado en cada momento político, pero bordeando cualquier estigma partidista. Fue procurador en Cortes y consejero nacional del Movimiento, pero nadie ha osado calificarle de «franquista-fascista» en estos tiempos revueltos, donde parece que algunos intentan detener y regodearse en nuestra sangrienta historia. Cuando estalló la Guerra Civil era un adolescente de apenas 16 años movilizado, como muchos, por la República. Desertó y se escondió en Barcelona pero cuando acabo la contienda fratricida estuvo en el bando de los vencedores, como muchos del otro bando. Su idilio con el deporte comenzó en el 51 y nunca, desde entonces, ha dejado de disfrutar a tope de esa pasión y escalar lugares insospechados.

Se ha dicho que ha sido el padre del Olimpismo moderno y es cierto, !Cómo no¡, pero yo me quedo con todas esas cosas que le hicieron ser un hombre cabal, innovador y valiente, un catalán y español universal, que bien podría representar el símbolo de la reconciliación de los españoles y de los mundos enfrentados. Sólo echar un vistazo a su álbum de fotos, del que hemos disfrutado estos días, para ver que huyó del sectarismo político e ideológico como de la peste, que ejerció la diplomacia internacional con la maestría y la destreza del mejor cirujano y que supo situarse a la justa distancia para no contaminarse de la política que se escribe en letras minúsculas dentro y fuera de nuestro país. De ese álbum intimo me quedo con esa foto en la que miraba al mundo con las gafas de los aros olímpicos, todo un símbolo. Descanse en paz este español universal.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído